[1] (CAP. 56) Al maestro de coro; con la melodía de «No destruyas». Poema de David cuando, al huir de Saúl, se escondió en la cueva.
[2] Ten piedad de mí, oh Dios, pues me refugio en ti; a la sombra de tus alas me refugio hasta que pase la calamidad.
[3] Invoco al Dios Altísimo, al Dios que actúa en mi favor.
[4] Me salvará desde el cielo, confundirá a los que me atacan; Dios enviará su amor y su fidelidad.
[5] Estoy tirado entre leones, devoradores de hombres; sus dientes son lanzas y flechas; su lengua, una espada afilada.
[6] ¡Muestra, oh Dios, tu grandeza en los cielos, y tu gloria sobre toda la tierra!
[7] Han tendido una red a mis pasos para hacerme caer, cavaron una tumba ante mí, pero cayeron en ella.
[8] Mi corazón está firme, oh Dios, mi corazón está firme: voy a cantar y a tocar para ti.
[9] ¡Despierta, gloria mía! ¡Despierten, cítara y arpa! ¡Despertaré a la aurora!
[10] Te daré gracias entre los pueblos, Señor mío, tocaré para ti entre las naciones,
[11] pues tu amor llega hasta el cielo, hasta las nubes tu fidelidad.
[12] ¡Muestra, oh Dios, tu grandeza en los cielos, y tu gloria sobre toda la tierra!