[1] (CAP. 37) Salmo de David; en conmemoración.
[2] Señor, no me castigues con tu ira, no me corrijas con furor.
[3] Porque tus flechas me han traspasado, y has descargado tu mano sobre mí;
[4] todo mi cuerpo está enfermo a causa de tu enojo, no tengo ni un hueso sano a causa de mi pecado.
[5] Me siento abrumado por mis culpas, son un peso superior a mis fuerzas;
[6] mis heridas se han infectado y apestan, por culpa de mi necedad.
[7] Voy encorvado y decaído, lleno de tristeza todo el día.
[8] La fiebre me quema por dentro, no hay nada sano en mi cuerpo;
[9] estoy agotado y molido hasta más no poder, el gemir de mi corazón es ya un rugido.
[10] Ante ti, Señor mío, están todos mis anhelos, no se te ocultan mis quejidos.
[11] Mi corazón palpita, se me acaban las fuerzas y hasta la luz de los ojos me falta.
[12] Mis amigos y compañeros se apartan a causa de mis heridas, mis familiares se mantienen a distancia;
[13] los que buscan matarme me tienden trampas, los que desean mi mal me amenazan, están todo el día planeando engaños.
[14] Pero yo me hago el sordo y no escucho, me hago el mudo y no abro la boca;
[15] soy como uno que no oye y no contesta.
[16] En ti, Señor, pongo mi esperanza, tú me responderás, Señor y Dios mío.
[17] Yo digo: «Que no se alegren de mi desgracia, que no canten triunfo cuando mi pie resbale».
[18] Porque estoy a punto de caer, mi dolor no se aparta de mí.
[19] Sí, yo reconozco mi culpa y me aflige mi pecado.
[20] Los que sin motivo atentan contra mi vida son poderosos, se multiplican los que sin razón me odian,
[21] los que me devuelven mal por bien y me atacan porque procuro hacer el bien.
[22] ¡No me abandones, Señor, Dios mío, no te alejes de mí,
[23] ven pronto a socorreme, Señor mío, mi salvación!