[1] (CAP. 139) Al maestro de coro. Salmo de David.
[2] Líbrame, Señor, del hombre perverso, defiéndeme del hombre violento,
[3] de los que en su corazón planean maldades y provocan discordias todo el día:
[4] afilan su lengua como la de una serpiente, en sus labios tienen veneno de víbora.
[5] Protégeme, Señor, de la mano del malvado, defiéndeme del hombre violento, de los que planean derribarme.
[6] Los soberbios me ponen trampas, tienden una red bajo mis pies, y en mi sendero colocan lazos.
[7] Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios; atiende, Señor, mis gritos de súplica».
[8] Señor, Dios mío, poderoso salvador, tú me cuidas en el día del combate.
[9] No permitas, Señor, los proyectos del malvado, no dejes que triunfen sus planes.
[10] Que la malicia de sus labios caiga sobre la cabeza de los que me rodean.
[11] Lluevan sobre ellos brasas encendidas, que se hundan en el abismo y no vuelvan a salir.
[12] Que desaparezca de la tierra el difamador, y que al violento lo persiga la desgracia.
[13] Yo sé que el Señor defenderá la causa del humilde, el derecho de los necesitados.
[14] Los justos alabarán tu nombre, los rectos vivirán en tu presencia.