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Salmos 16

[1] (CAP. 15) Poema. De David. Protégeme, oh Dios, que me refugio en ti.

[2] Yo digo al Señor: «Tú eres mi dueño, mi único bien; nada hay comparable a ti».

[3] A los dioses de la tierra, esos poderes en los que antes me complacía,

[4] dediquen otros sus desvelos y corran tras ellos; yo no tomaré parte en sus sacrificios, ni daré culto a esos dioses.

[5] Señor, tú eres mi alegría y mi herencia, mi destino está en tus manos.

[6] Me ha tocado un lote estupendo, ¡qué hermosa es mi herencia!

[7] Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche instruye mi conciencia!

[8] Tengo siempre presente al Señor: con él a mi derecha jamás fracasaré.

[9] Por eso se me alegra el corazón, hacen fiesta mis entrañas, y todo mi ser descansa tranquilo;

[10] porque no me abandonarás en el abismo, ni dejarás a tu fiel experimentar la corrupción.

[11] Me enseñarás la senda de la vida, me llenarás de alegría en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.

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