[1] El pueblo se quejaba amargamente ante el Señor. Cuando el Señor escuchó sus quejas, se enfureció y mandó contra ellos un fuego que devoró un extremo del campamento.
[2] El pueblo suplicó a Moisés, y él oró al Señor. Entonces el fuego se apagó.
[3] Llamaron a aquel lugar Taberá –es decir, Incendio–, porque allí se había encendido contra ellos el fuego del Señor.
[4] La gente advenediza que se había mezclado con el pueblo comenzó a sentir hambre y, junto con los propios israelitas, se pusieron a llorar diciendo: –¡Ojalá tuvieramos carne para comer!
[5] ¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, de los pepinos y melones, de los puerros, cebollas y ajos!
[6] Ahora desfallecemos, pues sólo vemos maná.
[7] El maná era como la semilla del cilantro y su color como el de la resina.
[8] El pueblo salía a recogerlo, y lo molían en molinos o lo machacaban en el mortero. Después lo cocían en una olla y hacían bollos que sabían a pasta amasada con aceite.
[9] Cuando el rocío caía sobre el campo por la noche, caía sobre él el maná.
[10] Oyó Moisés cómo el pueblo se quejaba, reunido por familias a las puertas de las tiendas, provocando gravemente el enojo del Señor, y muy contrariado se dirigió al Señor diciendo:
[11] –¿Por qué tratas mal a tu siervo? ¿Por qué me has retirado tu confianza y echas sobre mí la carga de todo este pueblo?
[12] ¿Acaso lo he concebido yo o lo he dado a luz para que me digas: «Llévalo sobre tu regazo como lleva al niño pequeño la niñera, y condúcelo hacia la tierra que prometí a sus antepasados?»
[13] ¿Dónde puedo yo encontrar carne para todo este pueblo que viene a mí llorando, y me dice: «Danos carne para comer»?
[14] Yo solo no puedo soportar a este pueblo; es demasiada carga para mí.
[15] Si me vas a tratar así, prefiero morir. Pero si todavía gozo de tu confianza, pon fin a mi aflicción.
[16] El Señor dijo a Moisés: –Reúneme a setenta ancianos de Israel, de los que conste realmente que son ancianos del pueblo y maestros de la ley, llévalos a la entrada de la tienda del encuentro y que esperen allí contigo.
[17] Yo bajaré y hablaré allí contigo; tomaré parte del espíritu que hay en ti y se lo pasaré a ellos, para que te ayuden a llevar el peso de este pueblo y no lo lleves tú solo.
[18] Dirás al pueblo: santifíquense para mañana, pues van a comer carne. Se han quejado ante el Señor, diciendo: «¡Ojalá tuviéramos carne para comer! ¡Estábamos mejor en Egipto!». Pues bien, el Señor les dará carne para comer.
[19] Más aún, no la comerán un día, ni dos, ni cinco, ni diez, ni veinte,
[20] sino un mes entero, hasta que les produzca asco y la vomiten, por haber despreciado al Señor, que está en medio de ustedes, y haber llorado en su presencia, diciendo: «¿Por qué hemos salido de Egipto?».
[21] Respondió Moisés: –Este pueblo tiene seiscientos mil hombres, ¿y tú dices que les darás carne para comer un mes entero?
[22] ¿Bastaría todo el ganado vacuno y ovino? ¿Bastarían todos los peces del mar?
[23] El Señor replicó a Moisés: –¿Es que se ha debilitado el poder del Señor? Ahora verás si se cumple mi palabra o no.
[24] Salió Moisés y comunicó al pueblo las palabras del Señor. Convocó a los setenta ancianos del pueblo y los reunió en torno a la tienda.
[25] El Señor bajó en la nube y habló a Moisés; tomó parte del espíritu que había en él y se lo pasó a los setenta ancianos. Cuando el espíritu de Moisés se posó sobre ellos, comenzaron a profetizar, pero esto no volvió a repetirse.
[26] Dos de ellos se habían quedado en el campamento, uno se llamaba Eldad y otro Medad. Aunque estaban entre los elegidos, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu vino también sobre ellos y se pusieron a profetizar en el campamento.
[27] Un muchacho corrió a decir a Moisés: –Eldad y Medad están profetizando en el campamento.
[28] Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino diciendo: –¡Señor mío, Moisés, prohíbeles que lo hagan!
[29] Moisés replicó: –¿Tienes celos por mí? ¡Ojalá que todo el pueblo profetizara y el Señor infundiera en todos su espíritu!
[30] Moisés regresó al campamento y con él los ancianos de Israel.
[31] Envió el Señor un viento que arrastraba codornices por encima del mar e hizo que volaran sólo a un metro de altura sobre el campamento, a uno y otro lado del mismo, en una extensión a la redonda como de una jornada de camino.
[32] El pueblo estuvo recogiendo codornices todo el día, toda la noche y todo el día siguiente; el que menos, recogió diez cargas; y las tendían en los alrededores del campamento.
[33] Todavía tenían la carne en la boca, cuando se encendió la cólera del Señor y los hirió con una gran mortandad.
[34] A aquel lugar lo llamaron Quibrot Hatavá –es decir, Tumbas de la Gula–, porque allí fueron enterrados los que se dejaron llevar de la gula.
[35] De Quibrot Hatavá el pueblo partió para Jaserot, donde se quedaron.