[1] El Señor dirigió esta palabra a Jeremías:
[2] –Párate junto a la puerta del templo del Señor y proclama esta palabra: Escuchen la palabra del Señor, ustedes todos, hombres de Judá, que entran por estas puertas para adorar al Señor.
[3] Así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Enmienden su conducta y sus acciones, y les permitiré habitar en este lugar.
[4] No confíen en palabras engañosas repitiendo: «¡El templo del Señor! ¡El templo del Señor! ¡El templo del Señor!»
[5] Si enmiendan su conducta y sus acciones, si practican la justicia unos con otros,
[6] si no oprimen al extranjero, al huérfano y a la viuda; si no derraman en este lugar sangre inocente, si no siguen a otros dioses para su propia desgracia,
[7] entonces yo los dejaré vivir en este lugar, en la tierra que di a sus padres desde antiguo y para siempre.
[8] Pero ustedes confían en palabras engañosas, que no sirven para nada.
[9] ¿Acaso piensan que pueden robar, matar, cometer adulterio, jurar en falso, incensar a Baal, correr detrás de otros dioses que no conocen,
[10] y luego venir a presentarse ante mí, en este templo consagrado a mi nombre, diciendo: «Estamos seguros», para seguir cometiendo las mismas maldades?
[11] ¿Acaso toman este templo consagrado a mi nombre por una cueva de ladrones? ¡Pues también yo lo trataré así! Oráculo del Señor.
[12] Vayan a mi santuario de Siló, donde al principio hice invocar mi nombre, y miren lo que he hecho con él por la maldad de mi pueblo Israel.
[13] Y ahora, por haber hecho todas esas cosas, oráculo del Señor, por no haberme escuchado cuando yo les hablaba continuamente y no haber respondido a mis llamadas,
[14] yo trataré a este templo consagrado a mi nombre en el que confían y al lugar que di a ustedes y a sus antepasados, como traté a Siló.
[15] Los arrojaré de mi presencia, como arrojé a sus hermanos, a toda la descendencia de Efraín.
[16] En cuanto a ti, no intercedas por este pueblo, no eleves por ellos súplicas ni oraciones: no insistas, porque no te escucharé.
[17] ¿No ves lo que hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?
[18] Los niños recogen leña y los padres encienden el fuego, las mujeres amasan la pasta para hacer tortas a la diosa que llaman Reina del cielo; derraman vino y aceite en honor de dioses extranjeros para irritarme.
[19] Pero ¿acaso es a mí a quien ofenden? –oráculo del Señor– ¿no es más bien a sí mismos, para su propia vergüenza?
[20] Por eso, así dice el Señor: Mi ira y mi enojo se van a desatar sobre este lugar, sobre hombres y animales, árboles del campo y frutos de la tierra; y arderá sin apagarse.
[21] Así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: ¡Añadan holocaustos a sus sacrificios y coman la carne!
[22] Yo no ordené nada a sus antepasados sobre holocaustos y sacrificios cuando los saqué de Egipto.
[23] Lo único que les ordené fue esto: Si obedecen mi voz, yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo; sigan fielmente el camino que les he mandado para que sean felices.
[24] Pero ellos no obedecieron ni hicieron caso; siguieron las inclinaciones de su corazón endurecido; me dieron la espalda y no la cara.
[25] Desde el día en que sus antepasados salieron de Egipto hasta hoy les he enviado a mis siervos, los profetas.
[26] Pero no me obedecieron ni me hicieron caso, sino que endurecieron su corazón y fueron peores que sus antepasados.
[27] Cuando les comuniques todo esto, no te escucharán; cuando los llames, no te responderán.
[28] Entonces les dirás: Esta es la nación que no escucha la voz del Señor su Dios y no aprende la lección. La verdad ha desaparecido de su boca.
[29] Córtate tu cabellera de nazir y tírala; entona un lamento sobre las colinas; pues el Señor ha abandonado y rechazado a la generación objeto de su ira.
[30] Pues los hijos de Judá me han ofendido con su conducta, oráculo del Señor; han puesto sus ídolos detestables en el templo consagrado a mi nombre, y lo han hecho impuro;
[31] han construido el mausoleo de Tófet, en el valle de Ben-Hinón, para sacrificar en la hoguera a sus hijos e hijas, cosa que yo no les mandé ni se me pasó por la cabeza.
[32] Por eso vienen días, oráculo del Señor, en que no se llamará más Tófet ni valle de Ben-Hinón, sino valle de la Matanza, pues tendrán que enterrar en el mismo Tófet por falta de sitio.
[33] Los cadáveres de este pueblo servirán de alimento a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, y nadie las ahuyentará.
[34] Y yo haré desaparecer en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén los gritos de júbilo y alegría, los cantos del novio y de la novia; porque quedará convertida en un montón de ruinas.