[1] El Señor me dijo: –Vete a comprar un jarro de barro; toma contigo algunos de los ancianos del pueblo y de los sacerdotes;
[2] vé al valle de Ben-Hinón, a la entrada de la puerta de la alfarería, y proclama allí las palabras que yo te diga.
[3] Dirás: Escuchen la palabra del Señor, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Haré venir sobre este pueblo una desgracia tal, que al que lo oiga le zumbarán los oídos.
[4] Porque me han abandonado; han profanado este lugar, ofreciendo en él incienso a otros dioses que ni ellos ni sus antepasados ni los reyes de Judá conocían, y han llenado este lugar de sangre inocente;
[5] han construido santuarios a Baal y han quemado a sus propios hijos en su honor, cosa que yo no había mandado ni ordenado, ni se me había pasado por la cabeza.
[6] Por eso, vienen días, oráculo del Señor, en que este lugar no se llamará ya Tófet ni valle de Ben-Hinón, sino valle de la Matanza.
[7] Yo haré fracasar los planes de Judá y de Jerusalén en este lugar; los haré caer a espada ante sus enemigos, a manos de los que buscan matarlos; y daré sus cadáveres como alimento a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
[8] Dejaré desierta esta ciudad y haré de ella motivo de burla: todo el que pase cerca quedará asombrado y silbará a la vista de tantas heridas.
[9] Les haré comer la carne de sus hijos y de sus hijas, y se devorarán unos a otros en la angustia del cerco y en la miseria a que los reducirán los enemigos que quieren matarlos.
[10] Romperás el jarro ante los hombres que te hayan acompañado,
[11] y les dirás: Así dice el Señor todopoderoso: Yo romperé este pueblo y esta ciudad como se rompe una vasija de arcilla, que ya no puede rehacerse. Se harán los entierros en Tófet por falta de sitio para enterrar.
[12] Esto es lo que haré con este lugar, oráculo del Señor, y con sus habitantes: convertiré a esta ciudad en un Tófet.
[13] Y las casas de Jerusalén y las de los reyes de Judá serán impuras como el Tófet; todas las casas, en cuyas terrazas han quemado incienso a todos los astros del cielo y han hecho ofrendas en honor de otros dioses.
[14] Al regresar Jeremías del Tófet, adonde el Señor lo había mandado a profetizar, se detuvo en el atrio del templo del Señor y dijo a todo el pueblo:
[15] –Así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Voy a traer sobre esta ciudad y sobre todas las que dependen de ella la desgracia con que les había amenazado, porque se empeñaron en no escuchar mis palabras.