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[1] Así dice el Señor: Voy a hacer soplar contra Babilonia y contra los habitantes de Leb-Camay un viento destructor.

[2] Voy a enviar a Babilonia gente que la lance al viento, como se separa el trigo de la paja; la limpiarán y dejarán vacío su país. De todas partes vendrán contra ella el día de la desgracia.

[3] Que el arquero no tense su arco ni se cubra con su escudo. No perdonen a sus jóvenes, consagren al exterminio todo su ejército;

[4] que caigan muertos en el país de los caldeos, atravesados por la espada en sus calles.

[5] Israel y Judá no son viudas abandonadas por su Dios, el Señor todopoderoso, pero el país de los caldeos está lleno de crímenes contra el Santo de Israel.

[6] ¡Huyan fuera de Babilonia! ¡Sálvese quien pueda! No perezcan por culpa de ella, porque el Señor va a vengarse de ella y a pagarle como se merece.

[7] Babilonia era una copa de oro en las manos del Señor; emborrachaba a toda la tierra; de su vino bebieron las naciones, por eso deliraban.

[8] Cayó de repente Babilonia, se rompió. ¡Laméntense por ella! Busquen bálsamo para su herida: ¡tal vez sane!

[9] Queríamos sanar a Babilonia, pero no ha sanado: dejémosla y vayámonos cada uno a nuestro país. Su condena llega hasta el cielo, se eleva hasta las nubes.

[10] El Señor ha hecho brillar nuestra salvación; vengan, cantemos en Sión lo que ha hecho el Señor, nuestro Dios.

[11] ¡Afilen las flechas, llenen con ellas los estuches! El Señor despierta a los reyes medos, porque planea destruir a Babilonia; es la venganza del Señor, la venganza de su templo.

[12] Levanten el estandarte contra las murallas de Babilonia; refuercen la guardia, establezcan centinelas, tiendan emboscadas, porque el Señor realiza lo que pensó, todo lo que anunció contra los habitantes de Babilonia.

[13] Ciudad opulenta, construida entre canales, rica en tesoros; ha llegado tu fin, el término de tus robos.

[14] El Señor todopoderoso ha jurado por sí mismo: Voy a llenarte de hombres numerosos como langostas, que lanzarán contra ti el grito del triunfo.

[15] El hizo la tierra con su poder, cimentó el universo con su sabiduría, con su inteligencia extendió los cielos.

[16] Cuando su voz truena, braman las aguas en el cielo; él hace subir las nubes de los extremos de la tierra, desata la lluvia con los relámpagos y saca el viento de sus depósitos.

[17] Aturdido y sin comprender queda el ser humano; el artesano se avergüenza de su ídolo, pues sus imágenes son falsas, sin vida;

[18] están vacías y no sirven para nada, perecerán en la hora del castigo.

[19] No así el «Lote de Jacob», porque el Señor modeló todas las cosas e Israel es la tribu de su heredad; su nombre es el Señor todopoderoso.

[20] Tú eres en mis manos martillo que golpea, un arma de guerra. Contigo golpearé naciones,

[21] y destruiré reinos, contigo golpearé caballos y jinetes, contigo golpearé carros y conductores,

[22] contigo golpearé hombres y mujeres, contigo golpearé ancianos y niños, contigo golpearé jóvenes y muchachas,

[23] contigo golpearé pastores y rebaños, contigo golpearé labradores y yuntas, contigo golpearé gobernadores y funcionarios;

[24] ante ustedes haré pagar a Babilonia y a todos los habitantes de Caldea todo el mal que hicieron a Sión. Oráculo del Señor.

[25] Aquí estoy para acusarte, montaña destructora, que destruyes toda la tierra. Oráculo del Señor. Yo extiendo mi mano contra ti, te hago rodar de lo alto de las rocas, y te convierto en una montaña quemada.

[26] No se volverá a sacar de ti piedra de ángulo ni piedra de cimiento, porque quedarás desolada para siempre. Oráculo del Señor.

[27] Levanten la bandera en la tierra, toquen la trompeta entre las naciones; convoquen a las naciones contra ella para un guerra santa; llamen a los reinos de Ararat, Mení y Asquenaz; nombren contra ella un general, que avancen los caballos, como plaga de langostas.

[28] Convoquen a las naciones contra ella para un guerra santa; al rey de Media, a sus gobernadores, a sus autoridades y a todo su imperio.

[29] La tierra tiembla y se estremece, porque se cumple el plan del Señor contra Babilonia: El país quedará desierto y despoblado.

[30] Los valientes de Babilonia han cesado de luchar, se esconden en las fortalezas, se han quedado sin fuerzas, se han vuelto como mujeres. Las casas de Babilonia ha sido incendiadas, y rotos sus cerrojos.

[31] Un correo alcanza a otro, un mensajero a otro mensajero, para anunciar al rey de Babilonia que su ciudad ha sido conquistada, invadida totalmente;

[32] que los pasos del río están ocupados, que los cañaverales han sido incendiados, y los guerreros están aterrados.

[33] Pues así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Babilonia, la capital es como campo donde se tritura el trigo; dentro de poco llegará para ella el tiempo de la cosecha.

[34] Nabucodonosor, rey de Babilonia, me ha devorado, me ha consumido, me ha tragado como un dragón, ha llenado su vientre con lo mejor de mí.

[35] «¡Pague Babilonia por el ultraje que me ha hecho!» –dice el pueblo de Sión–. «¡Paguen los caldeos por mi sangre derramada!» –dice Jerusalén–.

[36] Por eso, así dice el Señor: Yo defenderé tu causa, yo me encargaré de tu venganza. Haré que se seque su mar y agotaré sus fuentes.

[37] Babilonia se convertirá en montón de piedras, en guarida de chacales, en motivo de burla y espanto, vacía y sin habitantes.

[38] Rugen como leones, gruñen como leoncillos.

[39] Cuando estén acalorados, les serviré bebida, los emborracharé para que se adormezcan; dormirán un sueño eterno y no volverán a despertarse. Oráculo del Señor.

[40] Los llevaré como corderos al matadero, como carneros o chivos.

[41] ¡Cómo ha sido tomada Babilonia y conquistada la gloria de toda la tierra! ¡Cómo ha quedado convertida en objeto de horror entre las naciones!

[42] El mar ha subido sobre Babilonia, y ha quedado sumergida bajo el tumulto de sus olas.

[43] Sus ciudades quedaron arrasadas, como tierra seca y árida; nadie vivirá más en ellas, ningún ser humano transitará por ellas.

[44] Yo castigaré a Bel en Babilonia, y sacaré el bocado de su boca: nunca más acudirán a él naciones. Ya se ha desplomado la muralla de Babilonia.

[45] Salgan de ella, pueblo mío, pónganse a salvo de la ira ardiente del Señor.

[46] No se turbe su corazón, no tengan miedo de los rumores que circulan por el país, pues si un año corre tal rumor, al año siguiente corre tal otro: que si la violencia reina en el país y un tirano se rebela contra otro...

[47] Porque vienen días en que yo castigaré a los ídolos de Babilonia; todo su país quedará humillado, y el suelo cubierto de cadáveres.

[48] Entonces el cielo, la tierra y cuanto contienen, entonarán un canto de triunfo sobre Babilonia, porque del norte llegan contra ella los destructores. Oráculo del Señor.

[49] Tiene que caer Babilonia por todos los que hizo caer en Israel, y por las víctimas que causó en toda la tierra.

[50] Los que han escapado a la espada, caminen sin detenerse. En esa tierra lejana acuérdense del Señor, y no se olviden de Jerusalén.

[51] Estamos humillados por los insultos, la vergüenza cubre nuestros rostros, porque han entrado extranjeros en el recinto santo del templo del Señor.

[52] Por eso, vienen días, oráculo del Señor, en que yo castigaré a sus ídolos, y en todo su país gemirán los heridos.

[53] Aunque Babilonia se eleve hasta el cielo y se haga inalcanzable su poder, a una orden mía la alcanzarán los destructores. Oráculo del Señor.

[54] Se oyen gritos en Babilonia, gran desastre en el país de los caldeos.

[55] Es que el Señor destruye Babilonia, y acalla su enorme griterío, aunque rujan sus olas como aguas caudalosas, y resuene el estruendo de sus voces.

[56] Viene el destructor sobre Babilonia, sus valientes caerán apresados, y se romperán sus arcos. Pues el Señor es un Dios que recompensa y paga sin falta.

[57] Yo emborracharé a sus jefes y a sus sabios, a sus gobernadores, oficiales y soldados; dormirán un sueño eterno, y no volverán a despertarse. Oráculo del Rey, cuyo nombre es Señor todopoderoso.

[58] Así dice el Señor todopoderoso: las anchas murallas de Babilonia serán totalmente destruidas, y sus altas puertas quemadas por el fuego. Ha sido inútil el trabajo de los pueblos, en el fuego ha terminado la fatiga de las naciones.

[59] Encargo que hizo el profeta Jeremías a Serayas, hijo de Nerías, hijo de Majsaías, cuando fue a Babilonia con Sedecías, rey de Judá, el año cuarto de su reinado. Serayas era el jefe de la caravana.

[60] Jeremías había escrito en un rollo de pergamino todas las desgracias que iban a sucederle a Babilonia, todos estos oráculos precedentes contra Babilonia.

[61] Jeremías dijo a Serayas: –Cuando llegues a Babilonia, encárgate de leer todos estos oráculos.

[62] Dirás: «Señor, tú mismo has declarado que este lugar será destruido y que no volverán a habitar en él hombres ni animales; quedará desolado para siempre».

[63] Cuando termines de leer este libro, atarás a él una piedra y lo arrojarás al Eufrates, diciendo:

[64] «¡Así se hundirá Babilonia para no volver a levantarse de las desgracias que voy a traer sobre ella!» Hasta aquí las palabras de Jeremías.

Jeremías — Chapters