[1] El año undécimo, el día uno del tercer mes, recibí esta palabra del Señor:
[2] –Hijo de hombre, di al faraón, rey de Egipto, y a su pueblo: ¿A quién te pareces en tu grandeza?
[3] A un cedro del Líbano, de espléndido ramaje y altura sublime, cuya copa llega hasta las nubes.
[4] Las lluvias lo alimentaron, las aguas de abajo lo hicieron crecer, corriendo por donde estaba plantado, y regaron con sus canales todos los árboles del campo.
[5] Así el cedro se hizo más esbelto que los demás árboles del campo; sus ramas crecían y se extendían, gracias a la abundancia de las aguas.
[6] Todas las aves del cielo anidaban en sus ramas, todos los animales salvajes parían bajo su ramaje, a su sombra vivían numerosas naciones.
[7] Era hermoso por su grandeza, por la extensión de su ramaje, porque hundía sus raíces en aguas abundantes.
[8] Ningún cedro del jardín de Dios se le podía comparar, ningún ciprés tenía un ramaje parecido; los plátanos no tenían su follaje, ningún árbol, en el jardín de Dios, lo igualaba en hermosura.
[9] Yo lo había hecho hermoso por su espléndido ramaje; lo envidiaban los árboles del Edén, que había en el jardín de Dios.
[10] Pues bien, esto dice el Señor: Por haberse elevado tanto, por haber levantado su copa hasta las nubes y haberse engreído por su altura,
[11] yo lo he desechado, lo he dejado a merced de la nación más poderosa para que lo trate como merece su maldad.
[12] Los extranjeros más crueles lo han cortado y derribado; sus ramas han caído en las montañas y en los valles, y su ramaje se encuentra destrozado por todos los barrancos del país. Todos los pueblos de la tierra se han alejado de su sombra y lo han abandonado;
[13] las aves del cielo se posan sobre sus restos; los animales salvajes se guarecen entre sus ramas.
[14] De este modo, ningún árbol, aunque esté plantado junto al agua, presumirá de su altura, ni levantará su copa hasta las nubes; ningún árbol, aunque esté bien regado, confiará más en su altura. Todos están destinados a la muerte, a bajar a lo profundo de la tierra, al país de los muertos.
[15] Esto dice el Señor: El día que el cedro bajó al abismo, cerré yo mismo las aguas subterráneas en señal de duelo, detuve sus corrientes, y se estancaron las aguas caudalosas; por él vestí de luto al Líbano, y todos los árboles del campo se entristecieron por él.
[16] Con el estruendo de su caída hice que temblaran a las naciones. Y cuando lo arrojé al abismo con todos los muertos, todos los árboles del Edén, los hermosos árboles del Líbano bien regados, se consolaron en las moradas subterráneas.
[17] También bajaron con él al abismo, junto con los que murieron a cuchillo, los que se cobijaban a su sombra en medio de las naciones.
[18] ¿A quién, entre los árboles del Edén, te pareces por tu gloria y tu grandeza? También tú serás llevado con los árboles del Edén a las moradas subterráneas, y habitarás entre incircuncisos junto con los que murieron a espada. Tal será la suerte del faraón y de todos sus súbditos. Oráculo del Señor.