[1] Atalía, madre de Ocozías, al ver que su hijo había muerto, fue y exterminó a toda la familia del rey.
[2] Pero cuando los hijos del rey iban a ser asesinados, Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, se llevó a escondidas a Joás, hijo de Ocozías, y a la mujer que lo cuidaba, y lo escondió en el dormitorio para evitar que Atalía asesinara a Joás.
[3] Este estuvo escondido con ellas en el templo del Señor durante seis años, mientras Atalía gobernaba el país.
[4] El año séptimo, Yoyadá convocó a los jefes de cien de los carios y de la guardia del rey, y los hizo venir al templo del Señor. Hizo con ellos un pacto y, previo juramento en el templo del Señor, les mostró al hijo del rey,
[5] y les ordenó lo siguiente: –Esto es lo que harán: la tercera parte de ustedes que comienza el turno de guardia el sábado en el palacio del rey,
[6] la tercera parte que está en la puerta del Sur, y la otra tercera que está en la puerta de atrás del cuartel de la escolta del rey, montarán la guardia en el templo por turno.
[7] Las dos secciones, es decir, todos los que salen de servicio el sábado, harán la guardia en el templo del Señor junto al rey.
[8] Formarán en torno al rey con las armas en la mano. Y al que intente forzar las filas lo matarán. Acompañarán al rey a todas partes.
[9] Los jefes de cien cumplieron al detalle las órdenes del sacerdote Yoyadá; cada uno reunió a sus hombres, que se turnaban en el servicio de guardia el sábado, y se presentaron al sacerdote Yoyadá.
[10] Este les entregó las lanzas y los escudos del rey David, que se guardaban en el templo del Señor.
[11] Los de la escolta del rey, con sus armas en la mano, se colocaron de sur a norte rodeando el altar y el templo para proteger al rey.
[12] Entonces Yoyadá sacó al hijo del rey y le colocó la corona y las insignias del rey; después lo ungió y lo proclamó rey. Y todos entre grandes aplausos gritaron: –¡Viva el rey!
[13] Cuando Atalía oyó el tumulto de los guardias y de la gente, fue al templo del Señor,
[14] y vio al rey de pie sobre el estrado, según la costumbre. Los oficiales y los que tocaban las trompetas estaban a su lado, mientras la gente gritaba alegremente y resonaban las trompetas. Atalía se rasgó las vestiduras y gritó: –¡Traición, traición!
[15] El sacerdote Yoyadá ordenó a los jefes de cien que estaban al mando del ejército: –Sáquenla fuera del recinto del templo y maten a todo el que la siga. Como el sacerdote había dicho que no la mataran en el templo del Señor,
[16] la arrestaron y, pasada la puerta de las caballerizas del palacio del rey, la mataron.
[17] Yoyadá selló un pacto entre el Señor, y el rey y el pueblo, por el cual éste se comprometía a ser el pueblo del Señor.
[18] Inmediatamente, todo el pueblo entró en el templo de Baal y lo destruyó. Hicieron completamente pedazos sus altares e imágenes, y degollaron a Matán, sacerdote de Baal, ante los altares. Después, el sacerdote Yoyadá dejó guardias en el templo del Señor
[19] y, acompañado de los jefes de cien, de los carios, de la escolta del rey y de todo el pueblo, llevó al rey desde el templo del Señor hasta el palacio del rey, entrando por la puerta de la guardia, y el rey se sentó en el trono del rey.
[20] Todo el pueblo se llenó de alegría y la ciudad recobró la calma. Atalía había muerto a espada en el palacio del rey.