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[1] Ezequías envió mensajeros por todo Israel y Judá y escribió cartas a Efraín y Manasés invitándolos a subir al templo del Señor, en Jerusalén, a celebrar la pascua del Señor, Dios de Israel.

[2] Previa deliberación, el rey, las autoridades y toda la asamblea de Jerusalén acordaron celebrar la pascua en el mes segundo.

[3] No había podido hacerse a su tiempo por falta de sacerdotes purificados para entonces, y porque el pueblo aún no se había reunido en Jerusalén.

[4] Fijada la fecha por el rey y la asamblea,

[5] la comunicaron a todo Israel, desde Berseba hasta Dan, invitando a subir a Jerusalén a celebrar la pascua del Señor, Dios de Israel, pues pocos habían cumplido lo prescrito.

[6] Los correos con cartas del rey y sus jefes recorrieron todo Israel y Judá. Esto proclamaron según la orden del rey: –Hijos de Israel, regresen al Señor, Dios de Abrahán, Isaac, e Israel, y él regresará a ustedes que son el resto escapado de la mano de los reyes de Asiria.

[7] No sean como sus padres y hermanos, que pecaron contra el Señor, Dios de sus antepasados, y su castigo los redujo a la triste situación en que ahora los ven.

[8] No sean tercos como sus antepasados. Recurran al Señor y vengan al santuario que él ha consagrado para siempre. Sirvan al Señor, su Dios, y él apartará de ustedes el furor de su ira.

[9] Si así lo hacen, sus hermanos y sus hijos hallarán clemencia ante sus deportadores y regresarán a este país, pues el Señor, su Dios, es clemente y misericordioso y, si de verdad se convierten a él, no los abandonará.

[10] Los enviados recorrieron de ciudad en ciudad, todo el territorio de Efraín y Manasés hasta llegar al de Zabulón; la gente, sin embargo, se reía y se burlaba de ellos.

[11] Tan sólo algunos de Aser, Manasés y Zabulón les hicieron caso y subieron a Jerusalén.

[12] En cambio, en Judá, con la ayuda de Dios, el pueblo respondió como un solo hombre a la invitación del rey y de las autoridades, cumpliendo la palabra del Señor.

[13] La afluencia de público en Jerusalén para celebrar la fiesta de los panes sin levadura en el segundo mes fue grandísima.

[14] Destruyeron a toda prisa los altares que había en Jerusalén y tiraron al torrente Cedrón todos los braseros para perfumes.

[15] Inmolaron el cordero pascual el día catorce del mes segundo. Los sacerdotes y los levitas, avergonzados, se purificaron y por fin ofrecieron holocaustos en el templo del Señor;

[16] luego ocuparon sus puestos, según lo dispuesto por la ley de Moisés, hombre de Dios. Los sacerdotes derramaban la sangre que los levitas les presentaban.

[17] Como muchos de la asamblea no estaban suficientemente purificados para realizar una acción sagrada en honor del Señor, corrió a cargo de los levitas la inmolación de los corderos pascuales.

[18] Una gran parte del pueblo, en particular de Efraín, Manasés, Isacar y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la pascua sin atenerse a lo prescrito. Pero Ezequías intercedió por ellos, diciendo: –Perdona, Señor, en tu bondad

[19] a los que te han buscado sinceramente a ti, el Dios de sus antepasados, aun cuando no tengan la pureza necesaria para las cosas santas.

[20] Y el Señor escuchó a Ezequías y perdonó al pueblo.

[21] Los israelitas que se encontraban en Jerusalén, celebraron la fiesta de los panes sin levadura durante siete días con gran alegría, y diariamente los levitas y los sacerdotes cantaban con todas sus fuerzas las alabanzas del Señor.

[22] Ezequías tuvo palabras de elogio para los levitas que se habían distinguido en el servicio del Señor y que durante los siete días de la fiesta habían participado en ella, celebrando sacrificios de comunión y alabando al Señor, Dios de sus antepasados.

[23] La asamblea, por su parte, acordó que la fiesta se prolongara siete días más y así se hizo con gran alegría,

[24] pues Ezequías, rey de Judá, había dado a la asamblea mil novillos y siete mil ovejas, más otros mil novillos y diez mil ovejas a las autoridades; los sacerdotes, además, se habían purificado ya en número suficiente.

[25] Toda la asamblea de Judá, sacerdotes, levitas, peregrinos venidos de Israel, los refugiados del reino del Norte, al igual que los residentes en Judá, desbordaban de alegría.

[26] Fue una gran fiesta en Jerusalén como no se había visto desde los días de Salomón, hijo de David, rey de Israel.

[27] Los sacerdotes y los levitas bendijeron al pueblo: su invocación fue escuchada y su oración llegó hasta la santa morada de Dios en los cielos.

2 Crónicas — Chapters