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[1] Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Ozías, que tenía dieciséis años de edad, y lo proclamó rey en lugar de su padre Amasías.

[2] Ozías reconstruyó Eilat y la restituyó a Judá después de la muerte de su padre.

[3] Comenzó a reinar a los dieciséis años y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Yecolía, y era de Jerusalén.

[4] Su conducta agradó al Señor, como la de su padre Amasías.

[5] Buscó a Dios mientras vivió Zacarías, que le enseñaba a ser fiel a Dios; y mientras se mantuvo fiel, Dios le concedió éxitos.

[6] Declaró la guerra a los filisteos y desmanteló las murallas de Gat, Yabne y Asdod; después reconstruyó ciudades en el territorio de Asdod y en el país de los filisteos.

[7] Dios lo ayudó contra los filisteos, contra los árabes de Gur Baal y contra los meunitas.

[8] Los amonitas le pagaron impuesto, y su fama llegó hasta Egipto, porque había llegado a ser muy poderoso.

[9] Construyó torres en Jerusalén, en la puerta del Angulo, en la del Valle, en la esquina de la muralla, y las fortificó.

[10] Construyó también torres en el desierto y cavó muchos pozos pues tenía mucho ganado, tanto en la llanura como en la meseta. Asimismo tenía agricultores y viñadores en las montañas y en las llanuras ya que era muy amante de la agricultura.

[11] Tenía un ejército de combate organizado por escuadras, según el censo hecho bajo el control del escriba Yeiel y del comisario Maasías. Janías, uno de los jefes reales, era el comandante en jefe.

[12] El total de jefes de familia, hombres valerosos, ascendía a dos mil seiscientos.

[13] A sus órdenes estaba el ejército integrado por trescientos siete mil quinientos guerreros valerosos, prontos a defender al rey contra los enemigos.

[14] Ozías armó a todo el ejército con escudos, lanzas, cascos, corazas, arcos y hondas.

[15] Por medio de técnicos especializados construyó en Jerusalén catapultas de flechas y piedras, y las colocó en las torres y en los ángulos. La asistencia divina le hizo poderoso y su fama se extendió por todas partes.

[16] Ya en la plenitud de su poder, se llenó de soberbia y esto fue su perdición. Se rebeló contra el Señor, su Dios, y entró en el templo con ánimo de ofrecer incienso sobre el altar de los perfumes.

[17] Azarías y otros ochenta virtuosos sacerdotes del Señor

[18] se enfrentaron con el rey y le dijeron: –Ozías, tú no puedes ofrecer el incienso al Señor; es misión exclusiva de los sacerdotes descendientes de Aarón, consagrados precisamente para eso. Sal, pues, del santuario, porque has pecado y el Señor no te engrandecerá debido a ello.

[19] Pero Ozías, todavía con el incensario en la mano, montó en cólera contra los sacerdotes. Al instante brotó la lepra en su frente a la vista de los sacerdotes en el templo del Señor, junto al altar de los perfumes.

[20] El sumo sacerdote Azarías y los otros sacerdotes, al ver la lepra en su frente se apresuraron a echarlo, aunque ya él mismo salía precipitadamente al sentirse castigado por el Señor.

[21] El rey Ozías continuó leproso hasta el día de su muerte; vivía recluido en una casa aislada, porque al ser leproso estaba excluido del templo del Señor. Mientras tanto, su hijo, Jotán estaba al frente del palacio real y gobernaba al pueblo.

[22] El resto de la historia de Ozías, del principio al fin, ha sido escrita por el profeta Isaías, hijo de Amós.

[23] Murió Ozías y lo sepultaron con sus antepasados en un cementerio común de propiedad real, pues decían: «Es un leproso». Le sucedió su hijo Jotán.

2 Crónicas — Chapters