[1] Habiéndose enterado Jacob de que en Egipto había trigo, dijo a sus hijos: –¿Por qué se miran sin hacer nada?
[2] He sabido que en Egipto hay trigo; así que bajen allá y compren grano para seguir viviendo y no morir.
[3] Diez de los hermanos de José bajaron a Egipto para comprar trigo.
[4] Pero Jacob no permitió que Benjamín, el hermano de José, fuera con sus hermanos, porque pensaba: «No vaya a sucederle alguna desgracia».
[5] Fueron, pues, los hijos de Israel, como hacían otros, a comprar trigo, porque se pasaba hambre en la tierra de Canaán.
[6] José era quien gobernaba el país y el que vendía el trigo a todo el mundo. Cuando llegaron los hermanos de José, se postraron ante él rostro en tierra.
[7] En cuanto José vio a sus hermanos, los reconoció, pero fingió no conocerlos y los trató duramente. Les preguntó: –¿De dónde vienen? Ellos respondieron: –Venimos de la tierra de Canaán, para comprar grano.
[8] José había reconocido a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron.
[9] Entonces se acordó de los sueños que había tenido en relación con ellos y les dijo: –Ustedes son espías; han venido para ver las zonas vulnerables del país. Ellos respondieron:
[10] –¡No, señor! Tus siervos han venido a comprar trigo.
[11] Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, somos hombres de bien; tus siervos no son espías.
[12] Pero él insistió: –No es cierto, han venido para ver las zonas vulnerables del país.
[13] Ellos respondieron: –Nosotros, tus siervos, éramos doce hermanos, todos hijos de un mismo padre, en la tierra de Canaán. El más joven se ha quedado con nuestro padre y el otro desapareció.
[14] Pero José les dijo: –Es lo que yo les decía, ¡ustedes son espías!
[15] Los voy a someter a una prueba, y les juro por el faraón que no saldrán de aquí a menos que venga su hermano menor:
[16] Que vaya uno de ustedes a buscar a su hermano, los demás quedarán prisioneros. Así se comprobará lo que han dicho y se verá si dicen la verdad. Si no, ¡por la vida del faraón que son espías!
[17] Y los metió a todos en la cárcel por espacio de tres días.
[18] Al tercer día les dijo: –Yo soy un hombre que teme a Dios; hagan lo siguiente y salvarán la vida:
[19] Si son gente de fiar, uno de ustedes quedará aquí preso, y los demás irán a llevar el trigo para remediar el hambre de sus familias.
[20] Pero tienen que traerme a su hermano menor; así se demostrará la sinceridad de lo que han dicho, y no morirán. Ellos aceptaron,
[21] y se decían unos a otros: –Estamos pagando lo que hicimos con nuestro hermano, pues vimos la angustia con que nos pedía clemencia y no lo escuchamos. Por eso nos ha venido esta desgracia.
[22] Entonces intervino Rubén: –¿No les dije yo que no le hicieran ningún mal al muchacho? Pero ustedes no me escucharon, y ahora se nos pide cuenta de su muerte.
[23] Ellos no sabían que José entendía lo que estaban diciendo, pues hablaba con ellos por medio de un intérprete.
[24] Entonces se retiró y se puso a llorar; regresó luego y, después de hablarles, tomó a Simeón y mandó delante de ellos que lo metieran en la cárcel.
[25] José ordenó que les llenaran los sacos de trigo, que les metieran el dinero pagado en cada saco y que les dieran provisiones para el viaje. Y así se hizo.
[26] Cargaron el trigo sobre sus burros y se fueron.
[27] Al acampar por la noche, uno de ellos abrió su saco para dar de comer a su burro, vio que su dinero estaba en la boca del saco
[28] y dijo a sus hermanos: –me han devuelto mi dinero; está aquí en mi saco. Entonces se asustaron mucho y se preguntaban temblando unos a otros: –¿Qué ha hecho Dios con nosotros?
[29] Cuando llegaron adonde estaba su padre Jacob, en la tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había ocurrido:
[30] –Aquel hombre, el dueño del país, nos habló duramente y nos tomó por espías.
[31] Nosotros le dijimos: Somos gente de bien, no somos espías.
[32] Eramos doce hermanos; uno ya no vive y el menor se quedó con nuestro padre en la tierra de Canaán.
[33] Pero aquel hombre, el dueño del país, nos dijo: «En esto conoceré que son gente de fiar: dejen conmigo a uno de sus hermanos, tomen el trigo para remediar el hambre de sus familias y váyanse.
[34] Cuando regresen me traerán a su hermano menor. Así sabré que no son espías, sino hombres de bien. Luego les devolveré al otro hermano y podrán comerciar libremente en el país».
[35] Cuando vaciaron los sacos, resultó que la bolsa del dinero de cada uno estaba en su saco. Y al ver las bolsas del dinero su padre y ellos se asustaron mucho.
[36] Entonces su padre, Jacob, les dijo: –Ustedes me van a dejar sin hijos. José desapareció, Simeón tampoco está aquí ¿y quieren quitarme a Benjamín? ¡Todo está en contra mía!
[37] Rubén dijo a su padre: –mata a mis dos hijos, si no te lo devuelvo; déjalo bajo mi custodia, que yo te lo devolveré.
[38] El dijo: –mi hijo no irá con ustedes; su hermano ha muerto y él es el único que me queda. Si le sucediera alguna desgracia en el viaje que van a emprender, terminarían con mis canas en el sepulcro.