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Exodo 9

[1] El Señor dijo a Moisés: –Preséntate ante el faraón y dile: Así dice el Señor, Dios de los hebreos: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto.

[2] Porque si te niegas a dejarlo salir y te empeñas en retenerlo,

[3] el poder del Señor hará perecer al ganado de tus campos: caballos, burros, camellos, vacas y ovejas. Será una epidemia terrible.

[4] Pero el Señor distinguirá entre el ganado de los israelitas y el ganado de los egipcios, para que no perezca el que pertenece a los israelitas.

[5] El Señor fijó el día diciendo: –Mañana realizará el Señor esto en el país.

[6] Y el Señor lo hizo al día siguiente. Todo el ganado de los egipcios murió, pero de los israelitas no murió ni un solo animal.

[7] Mandó el faraón a ver, y comprobó que del ganado de los israelitas no había muerto ni un solo animal. Pero el faraón continuó con el corazón endurecido y no dejó salir al pueblo.

[8] El Señor dijo a Moisés y a Aarón: –Tomen un poco de ceniza de horno y que Moisés la lance al aire en presencia del faraón.

[9] Se convertirá en polvo fino sobre todo Egipto y producirá úlceras y tumores en hombres y animales.

[10] Tomaron ceniza de horno, se presentaron ante el faraón, y Moisés la lanzó por el aire, produciendo úlceras y tumores en hombres y animales.

[11] Los magos no pudieron enfrentarse a Moisés, porque tenían úlceras como todos los egipcios.

[12] Pero el Señor hizo que el corazón del faraón continuara endurecido, de modo que no escuchó a Moisés y a Aarón, como había dicho el Señor.

[13] El Señor dijo a Moisés: –Levántate mañana temprano, preséntate al faraón y dile: Así dice el Señor Dios de los hebreos: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto.

[14] Esta vez voy a desencadenar todas mis plagas contra ti, tus ministros y tu pueblo, para que sepas que no hay nadie semejante a mí en toda la tierra.

[15] Porque si yo hubiera desplegado mi poder para herirte a ti y a tu pueblo con la peste, ustedes habrían desaparecido ya de la tierra.

[16] Pero precisamente por esto te he conservado la vida, para que veas mi poder y para hacer famoso mi nombre en todo el mundo.

[17] ¡Todavía te empeñas en impedir la salida de mi pueblo!

[18] Pues bien, mañana, a estas horas, haré caer una granizada tan fuerte como no la ha habido en Egipto desde el día en que comenzó a existir hasta hoy.

[19] Así que recoge tu ganado y cuanto tienes en el campo, porque todo hombre y animal que se encuentre en el campo y no esté bajo techo, será alcanzado por la granizada y morirá.

[20] Los ministros del faraón, que tomaron en serio la amenaza del Señor, mandaron poner bajo techo a sus siervos y sus ganados.

[21] Pero los que no hicieron caso de la amenaza del Señor dejaron sus siervos y sus ganados en el campo.

[22] El Señor dijo a Moisés: –Extiende tu mano hacia el cielo para que en todo el país caiga granizo sobre hombres y animales, y sobre la hierba del campo.

[23] Moisés extendió su bastón hacia el cielo, y el Señor desencadenó una tormenta de rayos, truenos y granizos sobre Egipto.

[24] Caían los granizos y se sucedían los rayos con una fuerza que no se conocía en Egipto desde que comenzó a existir.

[25] El granizo destrozó en todo el país de Egipto todo lo que había en el campo, desde los hombres hasta los animales. Destrozó también toda la hierba del campo y todos los árboles del campo.

[26] Solamente en la región de Gosen, donde vivían los israelitas, no cayó granizo.

[27] El faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: –Esta vez he pecado. El Señor es justo; yo y mi pueblo somos culpables.

[28] Pidan al Señor para que cesen los truenos y el granizo. Yo los dejaré salir; no los retendré por más tiempo.

[29] Moisés le respondió: –En cuanto salga de la ciudad, levantaré mis manos al Señor; cesarán los truenos y no habrá más granizo, para que reconozcas que el Señor es el dueño del mundo.

[30] Pero sé bien que ni tú ni tus ministros respetan todavía al Señor Dios.

[31] El lino y la cebada quedaron destrozados, pues la cebada estaba ya con espigas y el lino en flor.

[32] En cambio el trigo y la avena no, por ser más tardíos.

[33] Salió Moisés de la presencia del faraón, fuera de la ciudad, levantó sus manos al Señor, los truenos y el granizo cesaron, y dejó de llover sobre la tierra.

[34] Pero el faraón, al ver que habían cesado la lluvia, el granizo y los truenos, volvió a la misma actitud; él y sus ministros continuaron con el corazón endurecido.

[35] El faraón se empeñó en no dejar salir a los israelitas, como el Señor había dicho a Moisés.

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