[1] El SEÑOR le dijo a Moisés: —Ve a ver al faraón. Yo hice que él y sus servidores se pusieran tercos. Lo hice para poderles mostrar mis milagros poderosos.
[2] También lo hice para que les pudieran contar a sus hijos y nietos cómo hice quedar en ridículo a los egipciosy todas las maravillas que he hecho en Egipto. Así ustedes sabrán que yo soy el SEÑOR.
[3] Entonces Moisés y Aarón fueron ante el faraón y le dijeron: —El SEÑOR, Dios de los hebreos te manda decir: ¿Cuánto tiempo vas a seguir terco, sin admitir que yo soy más que tú? Deja libre a mi pueblo para que me adore.
[4] Si no aceptas librarlos, mañana voy a hacer que vengan langostas a tu país.
[5] Las langostas van a cubrir toda la superficie de la tierra y nadie podrá ver el suelo. Se comerán lo poco que quedó de lo que fue destruido por las granizadas y también se comerán todos los árboles que crezcan en el campo.
[6] Invadirán tus casas, las casas de tus servidores y todas las casas de Egipto. Tus padres y abuelos nunca han visto algo parecido en toda su vida”. Luego Moisés dio media vuelta y dejó al faraón.
[7] Los servidores del faraón le dijeron: —¿Hasta cuándo va a hacernos trampas este hombre? Deje libre a ese pueblo para que pueda ir a adorar al SEÑOR su Dios. ¿Todavía no se da cuenta de que Egipto está destruido?
[8] Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y Aarón y les dijo: —Vayan a adorar al SEÑOR su Dios pero antes díganme quiénes van a ir.
[9] Moisés dijo: —Vamos a ir todos nosotros, desde el más joven hasta el más viejo. Vamos a llevar a nuestros hijos, nuestras hijas, nuestras ovejas y nuestro ganado. ¡Vámonos todos a celebrar una fiesta al SEÑOR!
[10] Entonces el faraón les dijo: —Claramente se ve que tienen malas intenciones. El SEÑOR realmente va a tener que estar con ustedes si creen que voy a dejar ir de Egipto a todos con sus hijos.
[11] Los hombres pueden ir a adorar al SEÑOR ya que eso fue lo que me pidieron desde el principio, pero no puede ir todo el pueblo. Luego el faraón ordenó que echaran a Moisés y Aarón de su presencia.
[12] Después el SEÑOR le dijo a Moisés: —Extiende tu brazo sobre Egipto para que vengan las langostas y acaben con todas las plantas que quedaron después de la granizada.
[13] Entonces Moisés extendió su bastón sobre Egipto. Luego el SEÑOR hizo que todo el día y toda la noche soplara viento desde el oriente sobre el país. A la mañana siguiente, el viento del oriente había traído las langostas.
[14] Las langostas invadieron todo Egipto y se quedaron ahí. Nunca antes hubo, ni volverá a haber, tantas langostas como las que hubo ese día.
[15] Cubrieron la superficie de la tierra, haciéndola ver oscura. Se comieron todas las plantas y acabaron con todas las frutas y los árboles que había dejado la granizada. No dejaron nada.
[16] Rápidamente el faraón mandó llamar a Moisés y Aarón y les dijo: —Cometí un pecado contra el SEÑOR su Dios y contra ustedes.
[17] Por favor, perdónenme esta vez y pídanle al SEÑOR que se lleve esta plaga mortal.
[18] Moisés dejó al faraón y oró al SEÑOR.
[19] Entonces el SEÑOR creó un fuerte viento del occidente que se llevó las langostas y las echó al mar Rojo. No quedó ni una sola langosta en Egipto.
[20] Pero el SEÑOR hizo que el faraón volviera a ponerse terco y no dejara que se fuera el pueblo de Israel.
[21] Entonces el SEÑOR le dijo a Moisés: —Extiende tu brazo hacia el cielo para que haya sobre Egipto una oscuridad tan densa que hasta se podrá tocar.
[22] Entonces Moisés extendió su mano hacia el cielo y una nube de oscuridad cubrió Egipto durante tres días.
[23] Las personas no se podían ver unas a otras y nadie se levantó de su lugar durante tres días. En cambio, todos los israelitas sí tenían luz en sus casas.
[24] El faraón mandó llamar a Moisés y Aarón y les dijo: —Vayan y adoren al SEÑOR. Sus hijos pueden acompañarlos pero no les permito llevarse sus ovejas ni su ganado.
[25] Pero Moisés dijo: —Tienes que dejarnos llevar nuestros animales para que así tengamos con qué hacer sacrificios al SEÑOR nuestro Dios.
[26] Tenemos que llevarlos; no podemos dejar ni una sola cabeza de ganado. No sabemos exactamente qué necesitamos llevar para adorar al SEÑOR nuestro Dios, sólo sabremos con qué adorar al SEÑOR cuando lleguemos allá.
[27] Pero el SEÑOR hizo que el faraón se pusiera terco y no los dejara ir.
[28] Luego el faraón le dijo a Moisés: —¡Lárgate de aquí y ten cuidado! ¡No vuelvas a venir a verme porque el día que lo hagas, morirás!
[29] Entonces Moisés le dijo al faraón: —Tienes razón, ¡no volveré a verte!