[1] El día veinticuatro de aquel mismo mes los israelitas se reunieron y ayunaron, vestidos de penitencia y cubierta de tierra la cabeza.
[2] Los que pertenecían a Israel se separaron de todos los extranjeros y, de pie, reconocieron públicamente sus pecados y los de sus antepasados.
[3] Durante la cuarta parte del día, mientras estaba cada uno de pie en su sitio, se leyó el libro de la ley del Señor, su Dios; durante otra cuarta parte del día reconocieron públicamente sus pecados y adoraron rostro en tierra, al Señor su Dios.
[4] Subieron luego al estrado de los levitas, Josué, Baní, Cadmiel, Sebanías, Buní, Serebías, Baní y Quenaní y clamaron a grandes voces al Señor, su Dios.
[5] Y esto es lo que dijeron los levitas Josué, Cadmiel, Baní, Jasabnías, Serebías, Odías, Sebanías y Petajías: –Levántense y bendigan al Señor, su Dios. Por siempre y para siempre bendito sea tu nombre glorioso que está por encima de toda bendición y alabanza.
[6] Tú, Señor, eres el único. Tú hiciste los cielos, la bóveda de los cielos y todos sus astros; la tierra y todo lo que hay en ella, los mares y todo lo que contienen. Tú das vida a todas las cosas y los astros del cielo se postran ante ti.
[7] Tú, Señor, eres el Dios que elegiste a Abrán, le sacaste de Ur de los caldeos y le pusiste por nombre Abrahán.
[8] Viste que su corazón te era fiel e hiciste una alianza con él. Prometiste darle, a él y a su descendencia, la tierra de los cananeos, hititas, amorreos, pereceos, jebuseos y guergueseos. Y como eres fiel, has cumplido tu palabra.
[9] Viste la aflicción de nuestros antepasados en Egipto y escuchaste su clamor junto al mar Rojo.
[10] Hiciste milagros y prodigios contra el faraón, contra sus siervos y contra todo el pueblo de su país, pues sabías que los trataban con arrogancia; te ganaste así una fama que dura hasta hoy.
[11] Tú dividiste el mar en su presencia, y lo pasaron caminando; a sus perseguidores los precipitaste en el abismo como se lanza una piedra a las aguas turbulentas.
[12] Durante el día los guiaste con columna de nube y con columna de fuego por la noche, para iluminar el camino que habían de seguir.
[13] Bajaste a la montaña del Sinaí, les hablaste desde lo alto de los cielos; les diste normas justas, leyes verdaderas, preceptos y mandamientos buenos.
[14] Les hiciste saber que el sábado es día consagrado a ti. Por medio de Moisés, tu siervo, les otorgaste mandamientos, preceptos y una ley.
[15] Les diste pan del cielo para su hambre, e hiciste brotar agua de la roca para su sed. Les dijiste que entraran en posesión de la tierra que solemnemente habías jurado darles.
[16] Pero nuestros antepasados fueron soberbios, y desoyeron tercamente tus mandatos:
[17] no quisieron oír y se olvidaron de las maravillas que tú hiciste en su favor. En su terquedad se empeñaron en regresar a la esclavitud que padecieron en Egipto. Pero tú eres el Dios del perdón, clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en amor; por eso no los abandonaste,
[18] ni siquiera cuando se hicieron un becerro de metal fundido y te ofendieron gravísimamente al decir: «Este es tu Dios, el que te sacó de Egipto».
[19] En tu inmensa misericordia, no los abandonaste en el desierto, y ni la nube que los guiaba durante el día en el camino, ni la columna de fuego que los alumbraba por la noche, se apartó de ellos.
[20] Para instruirles, les diste tu espíritu, que es bueno; los alimentaste con tu maná y les procuraste agua para su sed.
[21] Durante cuarenta años los sustentaste en el desierto y nada les faltó; ni sus vestidos se gastaron ni se hincharon sus pies.
[22] Les diste reinos y pueblos que se repartieron por regiones. Tomaron posesión del país de Sijón, rey de Jesbón, y del país de Og, rey de Basán.
[23] Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo y los llevaste a la tierra que habías prometido a sus antepasados para que la poseyeran.
[24] Sus hijos se apoderaron de esa tierra y tú humillaste ante ellos a sus habitantes, los cananeos, a quienes entregaste en su poder, junto con sus reyes y la gente del país, que dejaste a merced de ellos.
[25] Se apoderaron de ciudades fortificadas y de una tierra fértil, ocuparon casas repletas de bienes, pozos excavados, viñas, olivares y árboles frutales en abundancia; comieron a satisfacción, engordaron y tu bondad los colmó de felicidad.
[26] Pero fueron tercos, se rebelaron contra ti y se olvidaron de tu ley. Mataron a tus profetas, que les reprendían para que se convirtieran a ti, y te ofendieron gravemente.
[27] Entonces tú los entregaste a sus enemigos que los oprimieron. En su aflicción clamaron a ti y tú los escuchaste desde el cielo. Por tu gran misericordia, les diste libertadores que los salvaran de quienes los oprimían.
[28] Pero en cuanto les dabas respiro, de nuevo hacían el mal: te ofendían, y tú los abandonabas al poder opresor de sus enemigos. De nuevo volvían a suplicarte, y otra vez tú los escuchabas desde el cielo. Como tu misericordia es inagotable, los libraste muchas veces
[29] y los amonestaste para que se convirtieran a tu ley. Pero ellos, en su soberbia, no obedecieron tus mandamientos y se rebelaron contra tus leyes, que son vida para quien las cumple; te volvieron la espalda, se comportaron tercamente y no quisieron escuchar.
[30] Los soportaste largos años, tu espíritu los reprendió por medio de los profetas, pero siguieron sin escuchar. Los dejaste entonces a merced de los pueblos paganos,
[31] pero en tu gran misericordia no los aniquilaste ni los abandonaste, porque eres un Dios clemente y misericordioso.
[32] Y ahora, oh Dios nuestro, Dios grande, poderoso y terrible, que eres misericordioso y fiel a la alianza, no tengas en poco estos sufrimientos que han caído sobre nosotros, sobre nuestros reyes, jefes, sacerdotes y profetas; sobre nuestros antepasados y sobre todo tu pueblo, desde el tiempo de los reyes de Asiria hasta el día de hoy.
[33] Tú no tienes la culpa de lo que nos ha sobrevenido, porque tú has actuado con fidelidad, y nosotros, en cambio, hemos hecho el mal.
[34] Nuestros reyes, nuestros jefes, nuestros sacerdotes y nuestros antepasados no observaron tu ley, no estuvieron atentos a tus mandamientos, no escucharon tus requerimientos.
[35] Tenían un reino, los habías colmado de bienes, les diste una tierra fértil y espaciosa, pero no te sirvieron ni se convirtieron de su perversa conducta.
[36] Y ahora vivimos como esclavos en la misma tierra que diste a nuestros antepasados, para que gozaran de sus frutos y sus bienes.
[37] Es una tierra que da frutos abundantes, pero son para los reyes que tú nos has impuesto por nuestros pecados; ellos disponen a su antojo de nuestras personas y nuestros ganados, mientras la angustia nos oprime el corazón.