Nahum 3
[1] ¡Ay de ti, ciudad sanguinaria, repleta de fraude, llena de violencia, colmada de rapiña!
[2] Escuchen: chasquidos de látigos, estruendos de ruedas, galopes de caballos, rodar de carros,
[3] cargas de caballería, brillar de espadas, destellar de lanzas, multitud de heridos, montones de muertos, infinidad de cadáveres con los que se tropieza al andar.
[4] Todo ello por los muchos escándalos de la prostituta, de la que, atractiva y hechicera, engañaba a las naciones con sus desenfrenos, y a los pueblos con sus hechizos.
[5] Aquí estoy para castigarte, oráculo del Señor todopoderoso: Te levantaré las faldas hasta la cara y mostraré tu desnudez a las naciones, a los reinos tu vergüenza.
[6] Te cubriré de basura y de infamia, y te pondré como espectáculo público.
[7] Todo el que te vea huirá de ti y dirá: «Nínive está desolada. ¿Quién la compadecerá? ¿Dónde encontrar quien la consuele?»
[8] ¿Eres tú mejor que Tebas, establecida entre los brazos del Nilo y rodeada de aguas? Su defensa era el río, y las aguas le servían de muralla;
[9] Etiopía y Egipto, con recursos sin límite, eran su seguridad; Lidia y Libia, sus aliados.
[10] Con todo, también ella fue hecha cautiva, y tuvo que partir para el destierro; también sus niños fueron estrellados en las esquinas de todas las calles; sus nobles fueron repartidos por sorteo y todos sus grandes encadenados.
[11] También tú te embriagarás, y aturdida tendrás que buscar refugio para librarte del enemigo.
[12] Todas tus fortalezas son como higueras cargadas de higos maduros: a la menor sacudida caen en la boca de quien desea comerlos.
[13] Tu ejército es una partida de mujeres. Las puertas de tu país se abren del todo al enemigo, el fuego ha devorado sus cerraduras.
[14] Acumula agua para cuando te ataquen, refuerza tus fortificaciones, amasa el barro, prepara la arcilla, y haz ladrillos con el molde.
[15] Aun así, la espada te aniquilará y el fuego te devorará, como devora la langosta. Aunque te amontones como las langostas; aunque te multipliques como los saltamontes;
[16] aunque tus comerciantes se hagan más numerosos que las estrellas del cielo;
[17] aunque tus guardianes sean como plaga de langostas, y tus funcionarios como enjambre de insectos que se posan en las paredes en los días de frío, al brillar el sol los saltamontes levantan el vuelo y se van sin que nadie sepa a dónde.
[18] ¡Se han dormido tus pastores, rey de Asiria, tus valientes están en la tumba! Tu ejército está disperso por las montañas, y nadie lo reúne.
[19] No hay remedio para tu herida, tu llaga es incurable. Todos los que se enteran aplauden tu ruina: pues ¿quién no ha experimentado constantemente tu crueldad?