Nahum 2
[1] Miren, ya se acerca por los cerros el mensajero que anuncia la paz. Celebra tus fiestas, Judá, cumple tus promesas; porque no volverá a invadirte el hombre siniestro; está totalmente aniquilado.
[2] Un destructor avanza contra ti: monta guardia en la muralla, vigila la ruta, prepárate para luchar, reúne todas tus fuerzas.
[3] Sí, el Señor restablece el orgullo de Jacob, la viña de Israel, que los saqueadores habían saqueado, destruyendo su ramaje.
[4] Es rojo el escudo de sus guerreros y de terciopelo el manto de sus soldados; reluce en los carros el brillo del acero, cuando se preparan para la batalla y empuñan las lanzas.
[5] Los carros de guerra avanzan con furia por las calles, se precipitan por las plazas como antorchas encendidas, atraviesan como relámpagos.
[6] Se convoca a los valientes capitanes, chocan unos con otros al correr, corren hacia la muralla, se arma la defensa.
[7] Fuerzan las puertas que dan al río, y el palacio se derrumba.
[8] Llevan cautiva a la reina, sus damas lloran desconsoladas, y gimen como palomas.
[9] Nínive es como un estanque, cuyas aguas se escapan. «Deténganse, deténganse». Pero nadie hace caso.
[10] Saqueen la plata, saqueen el oro. ¡Son riquezas sin fin, montones de objetos preciosos!
[11] ¡Robo, saqueo, destrucción, valentía que desfallece, rodillas que se doblan, fuerzas que flaquean, rostros que palidecen!
[12] ¿Dónde está la cueva de los leones, dónde la guarida de los cachorros? Cuando el león se iba, quedaba la leona con sus cachorros; nadie se atrevía a molestar al león,
[13] al desgarrar su presa para sus cachorros, al partirla para sus leonas, al llenar de víctimas su cueva y de caza su guarida.
[14] Aquí estoy para castigarte, oráculo del Señor todopoderoso: arderán tus carros de guerra, y la espada devorará a tus leones; haré desaparecer de la tierra tus rapiñas y no se oirá más la voz de tus mensajeros.