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[1] Después, Moisés dirigió estas palabras a todo Israel: –Ya tengo ciento veinte años y no puedo moverme. Además, el Señor me ha dicho: «No pasarás el Jordán».

[3] El Señor tu Dios te guiará; él aniquilará ante ti a estas naciones, para que puedas expulsarlas. A la cabeza, como te ha dicho el Señor, irá Josué.

[4] El Señor los destruirá, como hizo con Sijón y con Og, reyes de los amorreos, y con su país;

[5] les entregará estas naciones y las tratarán como yo les he mandado.

[6] Tengan ánimo y valor, no les teman ni se asusten ante ellas, porque el Señor tu Dios va contigo; no te dejará ni te abandonará.

[7] Después, Moisés llamó a Josué y le dijo en presencia de todo Israel: –Ten ánimo y valor, porque tú vas a introducir a este pueblo en la tierra que el Señor juró dar a sus antepasados; tú harás el reparto de su herencia.

[8] El Señor te guiará y estará contigo, no te dejará ni te abandonará; no temas ni te acobardes.

[9] Moisés escribió esta ley y se la entregó a los sacerdotes levitas, que llevaban el arca de la alianza del Señor, y a todos los ancianos de Israel.

[10] Y Moisés les dio esta orden: –Cada siete años, al llegar el año de la remisión, en la fiesta de las tiendas,

[11] cuando venga todo Israel a presentarse ante el Señor tu Dios en el lugar que haya elegido, leerás esta ley ante todo Israel.

[12] Reunirás al pueblo, hombres, mujeres y niños y al extranjero que reside en tus ciudades, para que escuchen y aprendan a respetar al Señor Dios de ustedes, observando cuidadosamente todos los mandatos de esta ley.

[13] También sus hijos, que no la conocen todavía, deberán oírla, para que aprendan a respetar al Señor Dios de ustedes durante todo el tiempo que ustedes vivan en la tierra que van a poseer una vez pasado el Jordán.

[14] El Señor dijo a Moisés: –Mira, ya se acerca el día de tu muerte. Llama a Josué y preséntense ante la tienda del encuentro, para que yo le dé mis órdenes. Moisés y Josué se presentaron ante la tienda del encuentro,

[15] y el Señor se apareció en la tienda en una columna de nube, que se detuvo a la entrada de la tienda.

[16] El Señor dijo a Moisés: –Estás a punto de reunirte con tus antepasados. Este pueblo me será infiel y dará culto a los dioses de la tierra en la que van a entrar. Me abandonará y romperá la alianza que yo he pactado con él.

[17] Pero aquel día se desatará mi enojo contra él, los abandonaré y me esconderé; y le vendrán muchos males y desgracias que lo devorarán. Entonces se preguntará: «¿No me habrán venido estos males porque mi Dios no está conmigo?»

[18] Y ese día yo me esconderé todavía más, por la maldad que han cometido, dando culto a otros dioses.

[19] Y ahora escriban este cántico, enséñenselo a los israelitas y hagan que lo reciten, para que me sirva como testimonio contra ellos.

[20] Cuando haya introducido a este pueblo en la tierra que con juramento prometí a sus antepasados, tierra que mana leche y miel, comerá hasta hartarse, y engordará y dará culto a otros dioses, me despreciará a mí y romperá mi alianza.

[21] Entonces, cuando caigan sobre él innumerables males y calamidades, este cántico servirá de testimonio contra él, pues sus descendientes no lo habrán olvidado. Pues conozco sus malas inclinaciones ya desde ahora, antes de haberlo llevado a la tierra que le prometí con juramento.

[22] Moisés escribió aquel día este cántico y se lo enseñó a los israelitas.

[23] A Josué, hijo de Nun, el Señor le dio estas órdenes: –Ten ánimo y valor, porque tú introducirás a los israelitas en la tierra que con juramento les he prometido; yo estaré contigo.

[24] Cuando acabó de escribir en un libro hasta la última letra de las palabras de esta ley,

[25] Moisés dio esta orden a los levitas que llevaban el arca de la alianza del Señor:

[26] –Pongan este libro de la ley al lado del arca de la alianza del Señor su Dios; que esté allí como testimonio contra ti,

[27] porque yo conozco tu rebeldía y tu terquedad. Si hoy, estando aún vivo en medio de ustedes, son rebeldes al Señor, ¡cuánto más lo serán cuando haya muerto!

[28] Reúnan junto a mí a todos los ancianos de sus tribus y a sus oficiales; yo pronunciaré ante ellos estas palabras y pondré como testigos contra ellos al cielo y a la tierra.

[29] Porque sé que después de mi muerte se pervertirán y se alejarán del camino que les he señalado. En los días futuros la desgracia vendrá a su encuentro por haber hecho lo que desagrada al Señor, irritándolo con su mala conducta.

[30] Entonces Moisés recitó completo este cántico, mientras toda la asamblea de Israel escuchaba:

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