[1] Había un hombre de la tribu de Benjamín, llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afíaj, benjaminita; un hombre de buena posición.
[2] Tenía un hijo llamado Saúl. Era un muchacho de buena presencia; no había entre los israelitas ninguno más esbelto que él, pues sobrepasaba a todos de los hombros para arriba.
[3] Un día que se le perdieron las burras a Quis, éste dijo a su hijo Saúl: –Llévate a uno de los criados y vete a buscar las burras.
[4] Recorrieron las montañas de Efraín y la región de Salisá, pero no las encontraron; recorrieron la región de Salín, y tampoco; luego la de Benjamín, y tampoco las encontraron.
[5] Y al llegar a la región de Suf, dijo Saúl al criado que iba con él: –Regresemos, no sea que mi padre, empiece a estar intranquilo por nosotros más que por las burras.
[6] Pero el criado le indicó: –Mira, aquí en la ciudad hay un hombre de Dios; es un hombre muy famoso; todo lo que él dice se cumple. Así que vamos allá. Tal vez él nos indique el camino que debemos seguir.
[7] Saúl le respondió: –Si vamos, ¿qué le llevaremos a ese hombre? Ya no queda pan en nuestros morrales y no tenemos nada que ofrecer al hombre de Dios. ¿Qué nos queda?
[8] Contestó el criado a Saúl: –Mira, he encontrado en mi bolsillo una pequeña moneda. Se la daré al hombre de Dios para que nos indique el camino que debemos seguir.
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[11] Saúl dijo al criado: –De acuerdo, vamos. Y fueron a la ciudad donde estaba el hombre de Dios. Cuando subían la cuesta de la ciudad, se encontraron con unas muchachas que salían a buscar agua, y les preguntaron: –¿Está aquí el vidente? (Es que antiguamente en Israel, cuando se iba a consultar a Dios, se decía: «Vengan, vamos al vidente». Pues al que hoy se llama profeta antes se le llamaba vidente.)
[12] Ellas les respondieron: –Sí, aquí está; sigan de frente. Acaba de llegar a la ciudad, porque hoy el pueblo celebra un sacrificio en el altozano.
[13] Si entran en la ciudad, podrán encontrarlo antes de que suba al altozano para la comida; el pueblo no comerá hasta que llegue él, porque es él quien tiene que bendecir el sacrificio, después de lo cual comerán los invitados. Suban, pues, que en seguida lo encontrarán.
[14] Ellos subieron a la ciudad y, cuando entraban en ella, se encontraron con que Samuel venía de frente para subir al altozano.
[15] Un día antes de que llegara Saúl, el Señor había advertido a Samuel:
[16] –Mañana a esta misma hora te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín; lo ungirás como jefe de mi pueblo Israel, para que salve a mi pueblo de los filisteos, porque he visto la aflicción de mi pueblo y su queja ha llegado hasta mí.
[17] Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le avisó: –Mira, ese es el hombre del que te hablé; ese es el que regirá a mi pueblo.
[18] Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta de la ciudad, y le dijo: –Indícame, por favor, dónde está la casa del vidente.
[19] Samuel le respondió: –Yo soy el vidente. Sube delante de mí al altozano; hoy ustedes comerán conmigo y mañana por la mañana te dejaré partir y te daré a conocer todo lo que te preocupa.
[20] En cuanto a las burras perdidas hace ya tres días, no te preocupes por ellas, porque ya aparecieron. Además, ¿de quién será cuanto hay de valioso en Israel? ¡Pues tuyo y de la familia de tu padre!
[21] Saúl respondió: –Yo soy un benjaminita, de la más pequeña de las tribus de Israel, y mi familia es la menor de todas las familias de la tribu de Benjamín. ¿Por qué me dices esto?
[22] Entonces Samuel llevó consigo a Saúl y a su criado, los hizo entrar en la sala y les dio un puesto de honor entre los invitados, que eran unos treinta.
[23] Después Samuel dijo al cocinero: –Trae la ración que te di para que la pusieras aparte.
[24] El cocinero tomó la pierna y el rabo y lo puso delante de Saúl. Samuel dijo: –Aquí tienes la porción reservada; sírvete y come, pues se guardó para ti hasta este momento, para que la comieras con los invitados. Y Saúl comió con Samuel aquel día.
[25] Después, bajaron del altozano a la ciudad, prepararon una cama para Saúl en la terraza y se acostó.
[26] Al amanecer, Samuel llamó a Saúl: –Levántate, que voy a dejarte partir. Saúl se levantó y salieron los dos afuera.
[27] Al llegar a las afueras de la ciudad, Samuel dijo a Saúl: –Di al criado que vaya delante de nosotros; tú espera un momento pues voy a darte a conocer la palabra de Dios.