[1] David pensó: –Cualquier día voy a morir a manos de Saúl. No tengo otro remedio que refugiarme en el país de los filisteos. Así desistirá Saúl de perseguirme por todo el territorio de Israel, y escaparé de sus manos.
[2] Entonces David se pasó con sus seiscientos hombres al rey de Gat, Aquis, hijo de Maón.
[3] Y se quedaron con Aquis en Gat él y sus hombres, cada uno con su familia; David con sus dos mujeres: Ajinoán de Jezrael y Abigail, mujer de Nabal, del Carmelo.
[4] Saúl fue informado de que David había huido a Gat, y no volvió a buscarlo.
[5] David dijo a Aquis: –Si de verdad me aprecias, dame un lugar en alguna de las aldeas del campo para establecerme, porque no está bien que tu siervo viva junto a ti en la ciudad real.
[6] Aquel mismo día Aquis le asignó Sicelag. Por eso Sicelag pertenece a los reyes de Judá hasta el día de hoy.
[7] David pasó en territorio filisteo un año y cuatro meses.
[8] David y sus hombres salían y atacaban a los guesuritas, guerzitas y amalecitas, porque estos son los pueblos que habitaban la zona que va desde Telán, en dirección al pueblo de Sur, hasta Egipto.
[9] David destruía la región y no dejaba con vida hombres ni mujeres; se llevaba ovejas, bueyes, burros, camellos y vestidos. Al regresar, iba donde se encontraba Aquis,
[10] y cuando Aquis le preguntaba: –¿Dónde han atacado hoy? David respondía: –En la zona del Négueb perteneciente a Judá. O bien: –En la zona del Négueb perteneciente a Yerajmeel. O bien: –En la zona del Négueb perteneciente a los quenitas.
[11] David no permitía que trajeran con vida a Gat ni hombres ni mujeres, para que no informaran de lo que hacía. Este fue su modo de proceder durante todo el tiempo que permaneció en territorio filisteo.
[12] Aquis se fiaba de David, pensando que se había enemistado con su pueblo Israel y que estaría a su servicio para siempre.