Skip to content
Opens in a new window
Listen to this chapter • 7:00

[1] Jesús y sus seguidores llegaron a la otra orilla del lago, a la región de los gerasenos.

[2] Apenas salió Jesús de la barca, llegó a recibirlo un hombre que tenía un espíritu maligno. Venía de las tumbas,

[3] donde vivía. Ni siquiera con cadenas lo podían sujetar.

[4] Varias veces le habían encadenado las manos y le habían puesto hierros en los pies, pero el hombre rompía las cadenas y destrozaba los hierros. Nadie podía controlarlo.

[5] Vagaba por las colinas y las cuevas de día y de noche, siempre gritando y cortándose con piedras.

[6] Cuando el hombre vio a Jesús a lo lejos, fue a él corriendo, se postró ante él

[7] y gritando muy fuerte le dijo: —¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? En el nombre de Dios, te suplico que no me atormentes.

[8] El hombre gritaba así porque Jesús le había dicho: «¡Espíritu maligno, sal de ese hombre!»

[9] Después Jesús le preguntó: —¿Cuál es tu nombre? Él contestó: —Mi nombre es Legión porque somos muchos.

[10] Le rogaba repetidas veces a Jesús que no lo mandara fuera de esa región.

[11] Como en un cerro cerca de allí había muchos cerdos comiendo,

[12] los espíritus le suplicaban: —¡Mándanos a esos cerdos y déjanos entrar en ellos!

[13] Jesús les permitió hacerlo, y los espíritus malignos salieron del hombre y entraron en los cerdos, que eran como 2000. Los cerdos corrieron pendiente abajo por el barranco, cayeron en el lago y se ahogaron.

[14] Los encargados de cuidar los cerdos salieron huyendo a contar en el pueblo y en el campo lo que había pasado. Entonces vinieron a ver qué había sucedido.

[15] Se acercaron a Jesús y vieron al hombre que había tenido los demonios, sentado, vestido y en su sano juicio. La gente se asustó. Sabían que ese hombre había tenido una legión de espíritus malignos.

[16] Pero los que vieron lo sucedido les explicaron a los demás cómo había sido sanado el hombre que tenía demonios y lo que había pasado con los cerdos.

[17] Entonces la gente comenzó a pedirle a Jesús que se fuera de esa región.

[18] Cuando Jesús estaba por partir en la barca, el hombre que había tenido los demonios le rogaba que le permitiera acompañarlo.

[19] Pero Jesús no se lo permitió y le dijo: —Ve a tu casa y cuéntale a tu gente lo que el Señor ha hecho por ti, y cómo te ha tenido compasión.

[20] Así que el hombre se fue a la región de Decápolis a contarles a todos lo mucho que Jesús había hecho por él. Toda la gente estaba muy asombrada.

[21] Cuando Jesús volvió a la otra orilla del lago en la barca, mucha gente se reunió junto a él a la orilla del lago.

[22] Llegó uno de los dirigentes de la sinagoga que se llamaba Jairo. Cuando vio a Jesús, se arrodilló ante él y

[23] le rogaba mucho: —Mi hijita está a punto de morir. Te pido que vengas y coloques tu mano sobre ella para que se mejore y siga con vida.

[24] Jesús se fue con él y mucha gente lo siguió. La gente apretujaba a Jesús por todos lados.

[25] Había allí una mujer que llevaba doce años sufriendo de flujos de sangre.

[26] Había sufrido mucho bajo el cuidado de varios médicos y había gastado todo lo que tenía sin ninguna mejoría. De hecho, cada vez se ponía peor.

[27] La mujer oyó hablar de Jesús. Pasó en medio de la gente hasta llegar a Jesús por detrás y le tocó su manto.

[28] Ella pensaba: «Si sólo puedo tocar su manto, quedaré sana».

[29] Apenas lo tocó, la mujer dejó de sangrar. Sintió que su cuerpo había quedado sanado de la enfermedad.

[30] En ese momento Jesús se dio cuenta de que había salido poder de él. Se detuvo, dio vuelta y preguntó: —¿Quién me tocó el manto?

[31] Los seguidores le dijeron: —Hay tanta gente empujando y tú preguntas: “¿Quién me tocó?”

[32] Pero Jesús siguió mirando para saber quién había sido.

[33] La mujer sabía que había sanado. Así que se acercó y se arrodilló a sus pies. Ella estaba temblando de miedo y le contó toda la verdad.

[34] Luego, Jesús le dijo: —Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz y sin ninguna enfermedad.

[35] Cuando Jesús estaba todavía hablando, llegaron mensajeros desde la casa del dirigente de la sinagoga y le dijeron: —Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas más al maestro?

[36] Pero Jesús no les hizo caso y le dijo al dirigente de la sinagoga: —No tengas miedo; sólo cree.

[37] Jesús permitió que sólo Pedro, Santiago y su hermano Juan lo acompañaran.

[38] Cuando llegaron a la casa del dirigente de la sinagoga, Jesús vio el alboroto de la gente que estaba llorando y lamentándose mucho.

[39] Jesús entró y les dijo: —¿Por qué tanta confusión y llanto? La niña no está muerta, está dormida.

[40] La gente se burlaba de él, pero Jesús los hizo salir a todos y entró sólo con los padres de la niña y con los que lo acompañaban.

[41] Jesús tomó la mano de la niña y le dijo: —Talitá, cum (que significa “óyeme pequeña, ¡levántate!”).

[42] Al instante, la niña que tenía doce años, se levantó y empezó a caminar. Todos quedaron completamente atónitos.

[43] Jesús dio órdenes estrictas de que no le contaran a nadie lo que había ocurrido. Luego les ordenó que le dieran de comer a la niña.

Marcos — Chapters