[1] Yo, Pablo, preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de acuerdo con el llamamiento que recibieron de Dios.
[2] Sean siempre humildes, amables, tengan paciencia, sopórtense con amor unos a otros.
[3] El Espíritu los ha unido con un vínculo de paz. Hagan todo lo posible por conservar esa unidad, permitiendo que la paz los mantenga unidos.
[4] Así como ustedes forman un solo cuerpo y hay un solo Espíritu, Dios también los llamó a una sola esperanza.
[5] Hay un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo.
[6] Hay un solo Dios y Padre de todos que gobierna a todos, trabaja por medio de todos y vive en todos nosotros.
[7] Cristo en su generosidad nos dio un don a cada uno.
[8] Por eso dice: «Cuando subió a los cielos, se llevó a los prisioneros y entregó dones a la gente».
[9] ¿Qué significa eso de que «subió»? Pues significa que primero descendió a las partes más bajas de la tierra.
[10] Cristo fue el mismo que descendió y luego subió a lo más alto de los cielos para llenarlo todo con su presencia.
[11] Cristo mismo le dio dones a la gente: a unos, el don de ser apóstoles; a otros el de ser profetas; a otros el de anunciar la buena noticia de salvación; y a otros el de ser pastores y maestros.
[12] Él dio esos dones para preparar a su pueblo santo para el trabajo de servir y fortalecer al cuerpo de Cristo.
[13] Este trabajo debe continuar hasta que estemos todos unidos en lo que creemos y conocemos acerca del Hijo de Dios. Nuestra meta es convertirnos en gente madura, vernos tal como Cristo y tener toda su perfección.
[14] Así no nos portaremos como niños, ni seremos como un barco a la deriva arrastrados por cualquier nueva enseñanza de quienes buscan engañarnos con sus trampas.
[15] Por el contrario, maduraremos y seremos como Cristo en todo sentido, enseñando la verdad con amor. Cristo es la cabeza, y
[16] el cuerpo entero depende de él. Por medio de él, todas las partes del cuerpo están ligadas y se mantienen unidas. Cada parte cumple su función y así todo el cuerpo crece y se fortalece por el amor.
[17] Lo que les voy a decir es una advertencia del Señor: dejen ya de vivir como los que no son creyentes, porque ellos se guían por pensamientos inútiles.
[18] Su entendimiento está oscurecido porque están separados de la vida que viene de Dios y porque son ignorantes debido a lo terco que es su corazón.
[19] Han perdido la vergüenza, se han dedicado a la inmoralidad y se entregan cada vez más a cometer toda clase de perversiones.
[20] Pero esa clase de vida no tiene nada que ver con la instrucción que recibieron de Cristo.
[21] Sé que ustedes han recibido su mensaje y han aprendido la verdad que está en Jesús.
[22] Se les enseñó a dejar atrás la forma de vida que llevaban antes. Ese viejo ser va de mal en peor por los deseos engañosos.
[23] Aprendieron a renovar su forma de pensar por medio del Espíritu,
[24] y a revestirse del nuevo ser que Dios creó a su imagen para que practique la justicia y la santidad por saber la verdad.
[25] Así que dejen las mentiras y «díganse siempre la verdad unos a otros» porque todos formamos parte del mismo cuerpo.
[26] «No permitan que la ira los haga cometer pecados»; que la noche no los sorprenda enojados.
[27] No le den ninguna oportunidad al diablo para que los derrote.
[28] El que era ladrón deje de robar y trabaje haciendo algo provechoso con sus manos, así podrá compartir con el que no tiene nada.
[29] No digan malas palabras, sino palabras que ayuden y animen a los demás, para que lo que hablen le haga bien a quien los escuche.
[30] No hagan poner triste al Espíritu Santo, quien es la garantía para su completa liberación en el día señalado.
[31] Quítense de ustedes toda amargura, ira y enojo, gritos, calumnias y malicia.
[32] Sean amables y considerados unos con otros, y perdónense como Dios los ha perdonado a través de Cristo.