[1] Entonces Josué convocó a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés,
[2] y les dijo: –Han cumplido todo lo que les mandó Moisés, siervo del Señor, y a mí me han obedecido en todo.
[3] No han abandonado a sus hermanos en todo este largo tiempo, cumpliendo así fielmente el mandato del Señor su Dios.
[4] Ahora que el Señor su Dios ha concedido el descanso a sus hermanos, como se lo había prometido, pueden regresar a sus casas, a la tierra que les tocó en herencia, la que les dio Moisés, siervo del Señor, al otro lado del Jordán.
[5] Pero observen con todo cuidado los mandamientos y la ley que les dio Moisés, siervo del Señor: amen al Señor su Dios, sigan sus caminos, cumplan sus mandamientos y permanezcan unidos a él, sirviéndole con todo su corazón y con toda su alma.
[6] Josué los bendijo, los despidió, y se fueron a sus casas.
[7] Moisés había dado a la media tribu de Manasés un territorio en Basán; a la otra media se lo dio Josué en medio de sus hermanos, al oeste del Jordán, y, al mandarlos a sus casas, los bendijo,
[8] diciendo: –Ya que regresan a sus casas con grandes riquezas, con muchísimo ganado, plata, oro, bronce, hierro y muchos vestidos, repartan con sus hermanos el botín que han arrebatado a sus enemigos.
[9] Los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés se despidieron de los israelitas en Siló, en la tierra de Canaán, para regresar a la tierra de Galaad, la propiedad en la que ellos se habían establecido, según la orden que dio el Señor a Moisés.
[10] Llegados a la región del Jordán, todavía en tierra cananea, construyeron un altar junto al Jordán, un altar grande y bien visible.
[11] Al enterarse los otros israelitas de que los rubenitas, los gaditas y los de la media tribu de Manasés habían edificado un altar frente a la tierra de Canaán, en la zona del Jordán, al otro lado del territorio israelita,
[12] reunieron a toda la asamblea de Israel, en Siló, para luchar contra ellos.
[13] Los israelitas les enviaron a Pinjás, hijo del sacerdote Eleazar,
[14] con diez jefes, uno por tribu, todos ellos jefes de familia en los clanes de Israel.
[15] Cuando llegaron donde estaban los rubenitas, gaditas y la media tribu de Manasés en Galaad, les dijeron:
[16] –Esto dice toda la comunidad del Señor: ¿Qué infidelidad es ésta que han cometido contra el Dios de Israel? ¿Por qué se apartan hoy del Señor y construyen un altar rebelándose contra él?
[17] ¿No bastaba con el crimen de Fegor, del cual no nos hemos purificado todavía, y que fue la causa de aquel castigo sobre la comunidad del Señor?
[18] Ustedes se apartan hoy del Señor. Si se rebelan hoy contra él, mañana se encenderá la ira de Dios contra la comunidad de Israel.
[19] Si les parece impura su herencia, pasen al territorio donde el Señor ha establecido su morada, y habiten en medio de nosotros, pero no se rebelen contra el Señor ni nos asocien a su rebeldía, construyendo un altar aparte del altar del Señor, nuestro Dios.
[20] Cuando Acán, hijo de Zeraj, quebrantó la ley del exterminio, él murió por su pecado, pero la ira del Señor se desató sobre toda la comunidad de Israel, a pesar de que sólo él había pecado.
[21] Los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, respondieron a los jefes de los clanes de Israel:
[22] –El Dios de los dioses, el Señor, lo sabe y todo Israel debe saberlo. Si lo hemos hecho por rebelión o por infidelidad al Señor, que nos castigue hoy;
[23] si hemos construido un altar para apartarnos del Señor, ofreciendo en él holocaustos, ofrendas y sacrificios de comunión, que el Señor nos pida cuentas de ello.
[24] Pero no es así; lo hemos hecho por miedo a que el día de mañana los descendientes de ustedes pudieran decir a los nuestros: «¿Qué tienen que ver ustedes con el Señor, Dios de Israel?
[25] El Señor puso el Jordán como límite entre nosotros y ustedes, descendientes de Rubén y de Gad. ¡Ustedes no tienen nada que ver con el Señor!» Y así los descendientes de ustedes harían que los nuestros no respetaran al Señor.
[26] Entonces nos dijimos: Construyámonos un altar, destinado, no a los holocaustos y demás sacrificios,
[27] sino como testimonio entre ustedes, nosotros y nuestros descendientes, de que damos culto al Señor en su presencia, con nuestros holocaustos y sacrificios de comunión. Así el día de mañana sus descendientes no podrán decir a los nuestros: «¡No tienen nada que ver con el Señor!».
[28] Nos dijimos: si el día de mañana llegaran a decirnos esto a nosotros o a nuestros descendientes, responderíamos: «Fíjense en la forma del altar del Señor que construyeron nuestros antepasados, no para ofrecer holocaustos o sacrificios, sino como testimonio entre ustedes y nosotros».
[29] No tenemos ninguna intención de rebelarnos contra el Señor y apartarnos de él hoy, construyendo un altar para ofrecer holocaustos, sacrificios y ofrendas, aparte del altar del Señor nuestro Dios, que está ante su morada.
[30] Cuando el sacerdote Pinjás, los notables de la comunidad y los jefes de los clanes de Israel que lo acompañaban oyeron estas palabras de labios de los rubenitas, gaditas y de los de la media tribu de Manasés, las aprobaron.
[31] Entonces Pinjás, hijo del sacerdote Eleazar, les dijo: –Ahora reconocemos que el Señor está en medio de ustedes, y que no han cometido infidelidad contra él. Han librado a los israelitas del castigo del Señor.
[32] Luego, Pinjás, hijo del sacerdote Eleazar y los notables se despidieron de ellos en la tierra de Galaad, regresaron a la tierra de Canaán e informaron a los israelitas.
[33] Su informe les pareció bien y bendijeron a Dios. No se habló más de luchar contra ellos ni de arrasar la tierra en la que viven los rubenitas y los gaditas.
[34] Estos llamaron al altar Ed –es decir, Testimonio–, pues se dijeron: «Es un testimonio para nosotros de que el Señor es Dios».