[1] Joab, hijo de Seruyá, se dio cuenta que el rey echaba de menos a Absalón.
[2] Entonces mandó a buscar en Tecoa una mujer astuta y le dijo: –Finge que estás de luto; ponte vestidos de luto y no te perfumes, para que parezcas una mujer que, desde hace tiempo, lleva luto por un muerto.
[3] Te presentas al rey y le dices esto. Y le sugirió lo que ella tenía que decir.
[4] La mujer de Tecoa se presentó al rey y, cayendo rostro en tierra, se postró y dijo: –¡Ayúdame, oh rey!
[5] El rey le preguntó: –¿Qué te pasa? Ella respondió: –Soy una mujer viuda; mi marido murió.
[6] Tu sierva tenía dos hijos. Pelearon los dos en el campo y, como no había quien los separara, el uno golpeó al otro y lo mató.
[7] Y ahora toda la familia se levanta contra tu sierva y dice: «Entréganos al asesino de su hermano; le daremos muerte para vengar la vida de su hermano, a quien mató, y acabaremos así hasta con el heredero». De esta forma quieren apagar la esperanza que me queda, y dejar a mi marido sin nombre ni descendencia en la tierra.
[8] El rey dijo a la mujer: –Vete a tu casa; yo me encargo del asunto.
[9] La mujer dijo al rey: –Oh rey, mi señor, yo y la familia de mi padre somos los culpables; el rey y su trono son inocentes.
[10] El rey respondió: –Si alguno te molesta, tráemelo a mí, y no volverá a molestarte.
[11] Ella dijo: –Dígnese el rey invocar el nombre del Señor, su Dios, para que el vengador de sangre no aumente mi desgracia matándome al otro hijo. El respondió: –Te lo juro por el Señor que no caerá en tierra ni un pelo de tu hijo.
[12] La mujer añadió: –Permite a tu sierva decir todavía una palabra a mi señor el rey. Dijo el rey: –Habla.
[13] Y la mujer dijo: –¿Por qué has proyectado tú tal cosa, contra el pueblo de Dios? Las mismas palabras que el rey acaba de pronunciar, le hacen culpable, si no manda que regrese el que ha alejado de él.
[14] Porque todos nos sentimos morir y somos como agua derramada en tierra que no puede recogerse. Dios no desea tal cosa; su plan es que el fugitivo no siga desterrado lejos de él.
[15] Si he venido a hablar al rey de este asunto, ha sido porque la gente me metió miedo, de suerte que tu sierva pensó: Hablaré al rey y quizás haga lo que su sierva le sugiere,
[16] la escuche y la libre del hombre que intenta extirparnos a mí y a mi hijo de la tierra que pertenece a Dios.
[17] Tu servidora pensó: Que la palabra del rey, mi señor, nos tranquilice, pues mi señor, el rey, es como el enviado de Dios y distingue entre el bien y el mal. Que el Señor, tu Dios, esté contigo.
[18] Entonces el rey dijo a la mujer: –No me ocultes nada de lo que voy a preguntarte. La mujer dijo: –Hable mi señor, el rey.
[19] El rey preguntó; –¿Tiene algo que ver Joab en todo este asunto? Ella respondió; –Por tu vida que no se ha equivocado mi señor, el rey; tu siervo Joab es quien me ha mandado y ha sugerido a tu sierva todas estas palabras.
[20] El ha actuado así, sin duda, con segunda intención. Pero mi señor, el rey, posee la sabiduría del enviado de Dios y conoce todo lo que pasa en la tierra.
[21] Entonces el rey dijo a Joab: –Bien; voy a hacer lo que has dicho; vete y trae al joven Absalón.
[22] Joab se postró rostro en tierra, y dio las gracias al rey, diciendo: –Hoy reconozco que me aprecias, oh rey, mi señor, porque has cumplido el deseo de tu siervo.
[23] Joab partió hacia Guesur y trajo a Absalón a Jerusalén.
[24] Pero el rey dijo: –Que se retire a su casa y que no se presente ante mí. Absalón se retiró a su casa y no se presentó ante el rey.
[25] No había en todo Israel un hombre tan famoso por su belleza como Absalón. Desde los pies hasta la cabeza no había defecto en él.
[26] Cuando se cortaba el pelo, cosa que hacía una vez al año, pues le pesaba tanto que tenía que cortárselo, el pelo cortado pesaba más de dos kilos, según las pesas oficiales.
[27] Absalón tuvo tres hijos y una hija, que se llamaba Tamar y era muy bella.
[28] Absalón estuvo dos años en Jerusalén sin ver al rey.
[29] Después, mandó recado a Joab para que fuera al rey como emisario suyo, pero Joab no quiso ir. Le mandó recado por segunda vez, y tampoco quiso ir.
[30] Entonces dijo a sus criados: –Vayan al campo que Joab tiene sembrado de cebada, el que está junto al mío, y préndanle fuego. Los criados de Absalón prendieron fuego al campo.
[31] Entonces Joab se presentó a Absalón en su casa y le dijo: –¿Por qué han prendido fuego tus criados a mi campo?
[32] Absalón le respondió: –Pues porque te he pasado aviso para que vinieras y fueras al rey con este mensaje: «¿Para qué he vuelto de Guesur? Habría sido mejor quedarme allí». Deseo ver al rey; si tengo culpa, que me mate.
[33] Joab se presentó al rey y se lo comunicó. Entonces el rey llamó a Absalón. Entró éste donde estaba el rey y se postró rostro en tierra ante él. Entonces el rey abrazó a Absalón.