¿Por qué en El Salvador casi nadie habla de psicoanálisis, si aquí se enseñaba desde los años treinta? Después de dos años, Alex Blanco vuelve a Proyecto Chachalaca para una conversación que es, como él mismo dice, una discusión tras otra.
Arrancamos en clave de octubre, con la noche en que Alex, de niño, escuchó a alguien lavando en la pila de la casa de su abuelo y quedó convencido de que era la Siguanaba. De ahí pasamos a lo serio: qué es el psicoanálisis más allá del diván y de los clichés sobre Freud, por qué para Alex se ocupa de los efectos que tiene la palabra sobre nosotros, y cuándo tendría sentido buscar a un psicoanalista. Spoiler: cuando ya fuiste con el pastor, con el brujo de la esquina y con el psicólogo que te daba palmaditas en la espalda, y hay algo que sigue insistiendo.
También discutimos la vieja pelea de si el psicoanálisis es o no es ciencia, y por qué Alex cree que es una discusión estéril. Contamos la historia de Orfeo, el intento de abrir en 2023 y 2024 un espacio de formación psicoanalítica en el país, y por qué no sobrevivió. Y nos vamos atrás, al martinato: el psicoanálisis en los programas educativos de los años treinta, el Gabinete Psicopedagógico de Carlos Monterrosa y la teosofía del general Maximiliano Hernández Martínez como trasfondo de su política educativa.
A partir del ensayo que Alex acaba de enviar a una editorial argentina, y de la obra de Rafael Lara Martínez, hablamos de cómo después de la matanza de 1932 se borró al indígena histórico y se fabricó otro, el del terruño y el costumbrismo, y de cómo esos mismos significados siguen circulando en nuestra historia, del indio al oprimido y del oprimido al pandillero. Cerramos con una palabra náhuat, ixpantia, y con la mejor definición que Alex encontró de lo que le dio el psicoanálisis: algo parecido a estar enamorado.
Este episodio tiene segunda parte. Podés encontrar a Alex en Instagram como Alex Escobar Blanco.
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