En el mapa contemporáneo de los conflictos, la comida ya no es solo un recurso: es un campo de batalla. El Programa Mundial de Alimentos advierte que el hambre avanza como una onda sísmica que atraviesa continentes, mercados y rutas marítimas, alimentada por guerras que destruyen puertos, bloquean corredores y convierten la supervivencia en una negociación diaria. En un sistema global hiperconectado, donde cada choque logístico se traduce en menos cosechas y más desplazamientos, la seguridad alimentaria emerge como uno de los indicadores más precisos de la fragilidad del orden internacional. Comprender esta geopolítica del hambre es esencial para descifrar las tensiones que hoy reconfiguran la paz, la violencia y la vida de millones de personas.
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