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“Sanaré tu tierra” nos recuerda que el corazón del Padre siempre busca restaurar lo que estaba seco, roto o lejos de Él.
Como el hijo pródigo, muchas veces nos alejamos pensando que hemos fallado demasiado, pero Su bondad siempre nos recibe con brazos abiertos.
Y como el hijo mayor, a veces olvidamos que la relación con el Padre vale más que el orgullo, la comparación o las obras.
Dios no solo sana territorios físicos, sino también la tierra del corazón: nuestras heridas, pensamientos y emociones.
Su perdón no depende de cuánto merecemos, sino de cuánto Él ama a Sus hijos.
Cuando volvemos a casa y reconocemos Su voz, descubrimos que Su misericordia sigue siendo más grande que cualquier distancia.
Como el hijo pródigo, muchas veces nos alejamos pensando que hemos fallado demasiado, pero Su bondad siempre nos recibe con brazos abiertos.
Y como el hijo mayor, a veces olvidamos que la relación con el Padre vale más que el orgullo, la comparación o las obras.
Dios no solo sana territorios físicos, sino también la tierra del corazón: nuestras heridas, pensamientos y emociones.
Su perdón no depende de cuánto merecemos, sino de cuánto Él ama a Sus hijos.
Cuando volvemos a casa y reconocemos Su voz, descubrimos que Su misericordia sigue siendo más grande que cualquier distancia.