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Hay veces que me encantaría sentir un poquito menos. No darle tantas vueltas a todo, no emocionarme tan fácilmente, no vivir cada cambio, cada despedida o cada final de etapa como si fuera un pequeño duelo.
Pero después de mucho intentar dejar de ser tan sensible, creo que he entendido algo: quizá no necesito aprender a sentir menos, sino a convivir mejor con todo lo que siento.
Hoy hablamos de nostalgia, de llorar fácilmente, de sentir que nadie te entiende, de tomarte las cosas demasiado a pecho y también de todo lo bonito que puede haber en vivir la vida con tanta intensidad.
Porque sí, a veces me cansa sentirlo todo tanto. Pero quizá tampoco querría dejar de hacerlo.
Hay veces que me encantaría sentir un poquito menos. No darle tantas vueltas a todo, no emocionarme tan fácilmente, no vivir cada cambio, cada despedida o cada final de etapa como si fuera un pequeño duelo.
Pero después de mucho intentar dejar de ser tan sensible, creo que he entendido algo: quizá no necesito aprender a sentir menos, sino a convivir mejor con todo lo que siento.
Hoy hablamos de nostalgia, de llorar fácilmente, de sentir que nadie te entiende, de tomarte las cosas demasiado a pecho y también de todo lo bonito que puede haber en vivir la vida con tanta intensidad.
Porque sí, a veces me cansa sentirlo todo tanto. Pero quizá tampoco querría dejar de hacerlo.