Los terremotos no solo sacuden la superficie terrestre: también pueden modificar, aunque de forma minúscula, la velocidad de rotación de nuestro planeta. Al redistribuir enormes cantidades de masa, pueden acortar o alargar el día en apenas unos microsegundos. El terremoto de Sumatra de 2004, por ejemplo, habría reducido su duración alrededor de 6,8 microsegundos. Sin embargo, estos cambios no se miden directamente, sino que se calculan mediante modelos. Además, mareas, vientos, corrientes oceánicas y movimientos internos de la Tierra producen variaciones aún mayores. En este Quilo Vintage, Jorge Laborda recupera un artículo escrito hace más de veinte años para revisar sus afirmaciones y explicar cómo la ciencia mide hoy, con extraordinaria precisión, la rotación de nuestro planeta.
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