
A veces pensamos que la paz llegará cuando termine la tormenta. Pero Dios hace algo mucho más profundo: no siempre cambia primero las circunstancias, primero fortalece el corazón de quien las está atravesando.
“El Señor le da fuerza a su pueblo; el Señor lo bendice con paz.” (Salmos 29:11, NTV)
La promesa de hoy no es que nunca enfrentarás dificultades. Es que Dios te dará exactamente lo que necesitas para atravesarlas: fuerza para no rendirte y paz para no perder el corazón.
La paz de Dios no depende de que todo esté bien. Es la certeza de que, aunque todo parezca moverse, Él sigue sentado en el trono. Y la fuerza que Él da no nace de nuestras capacidades, sino de su presencia sosteniéndonos cada día.
Quizá hoy estás enfrentando una noticia difícil, una espera larga o una batalla que nadie más conoce. Recuerda esto: el mismo Dios que gobierna los mares y calma las tormentas también gobierna tu vida.
Hoy recibe su promesa: fuerza para seguir y paz para descansar en Él.
Las lecturas son:
Esdras 4:24 – 6:22
1 Corintios 3:5–23
Salmo 29:1–11
Proverbios 20:26–27
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