A veces lo que llamamos independencia no es fortaleza. Es una herida que aprendió a funcionar sola.
Te acostumbraste a decir: “yo puedo”, “yo me encargo”, “no quiero molestar a nadie”. Pero Eclesiastés 4 nos recuerda que hay batallas que Dios nunca tuvo la intención de que peleáramos solos.
“Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle… mejor todavía si son tres, porque una cuerda triple no se corta fácilmente.” Eclesiastés 4:9-12 NTV
Quizá llevas días diciéndole a Dios: “Ayúdame”, y Él ya comenzó a responderte.
Solo que estabas esperando un milagro y Dios te mandó una persona.
Una llamada.
Una amiga.
Una conversación.
Alguien que te preguntó: “¿Cómo estás realmente?”
No toda ayuda de Dios llega de una manera espectacular. Algunas veces llega caminando hacia ti.
Pedir ayuda no significa que tu fe falló. A veces significa que finalmente entendiste para qué Dios creó la comunidad.
Porque ir solo puede parecer más sencillo… hasta que llega una caída que no puedes detener por tus propias fuerzas.
Y entonces descubres algo:
No necesitas que todo el mundo conozca tus batallas. Pero sí necesitas personas con quienes puedas pelear espalda con espalda.
Personas que cuando caes no pregunten primero qué pasó, sino cómo pueden ayudarte a levantarte.
No fuiste creado para cargarlo todo solo.
A veces eres quien extiende la mano.
Y otras veces necesitas tener la humildad de tomarla.
Las lecturas son:
Eclesiastés 4:1 - 6:12
2 Corintios 6:14 - 7:7
Salmo 47:1-9
Proverbios 22:16
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