
Hay personas esperando que Dios les responda con un milagro visible… mientras ignoran a la persona que Dios ya les envió.
Psicológicamente, el corazón humano tiene una tendencia peligrosa: escuchar solo las voces que validan lo que quiere hacer y rechazar las que confrontan, corrigen o incomodan. Por eso Jesús dijo en Juan 13:20: “Recibir a quien yo envío es recibirme a mí”. Porque la madurez espiritual no se demuestra solo en cómo oras, sino también en cómo recibes las voces que Dios usa para hablarte.
A veces Dios llega en una mamá insistente.
En un amigo que te confronta.
En un líder que te corrige.
En una llamada a medianoche.
Hay personas que perdieron temporadas enteras de Dios porque analizaron demasiado el envase y nunca recibieron el mensaje. Porque el orgullo siempre busca una excusa para no escuchar. Y muchas veces la voz de Dios no llega envuelta en perfección… llega envuelta en humanidad.
Dios siempre llega en alguien.
La pregunta es: ¿estás reconociendo cuándo llega?
Las lecturas:
2 Samuel 2:12 - 3:39
Juan 13:1-30
Salmo 119:1-16
Proverbios 15:29-30
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