< S. Marcos 11

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[1] Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos,
[2] y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo.
[3] Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá.
[4] Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron.
[5] Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?
[6] Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron.
[7] Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él.
[8] También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino.
[9] Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
[10] ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!
[11] Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.
[12] Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre.
[13] Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos.
[14] Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.
[15] Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;
[16] y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno.
[17] Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
[18] Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina.
[19] Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.
[20] Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.
[21] Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
[22] Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.
[23] Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.
[24] Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
[25] Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.
[26] Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.
[27] Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos,
[28] y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?
[29] Jesús, respondiendo, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas.
[30] El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme.
[31] Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
[32] ¿Y si decimos, de los hombres…? Pero temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta.
[33] Así que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.